martes, 7 de mayo de 2013

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Una noche más vuelvo a tener tu sonrisa clavada en mi mente amor; no puedo pensar en otra ya que sin duda es la mas hermosa.
Una noche mas de insomnio por ti amor. Una mas de esas largas noches frias, que te tienen como centro de atencion, la cual apoderada de mi mente, deja fluir los mas bellos recuerdos, de aquellas tardes de otoño que quedaron en el olvido, como el mas absurdo sonido.
Una noche mas, saco el orgullo de la almohada, sospechando el porvenir de imagenes y fantasias, que aunque llenas de nostalgía, llenan mi vida de esperanza. Y te encuentras ahi, en ese espacio, en mi imaginacion; tan intimos como secretos donde tu y yo somos dueños, y que el mundo llama sueños.
Llego al punto de tocarte, con el mas extraño arte, ese que no tiene razon, y se aloja en el corazon.
A su fin llega el sueño, sin una razon valedera, igual esperare otra noche mas para ahcerte mio verdadero.
Una noche mas amor, no estas conmigo, pero podre dormir tranquila porque hoy soñare contigo..

lunes, 6 de mayo de 2013

Tonight we'll dance like we're in love

Recuerdo el día que ella compró ese vestido. Yo estaba en la misma tienda, solo mirando alrededor mientras mi madre buscaba algo para una cena y entonces la vi examinando el vestido. Yo pensé que se vería genial en él, así que me acerqué para decírselo. Me volteó a ver sorprendida y dijo "Estoy indecisa. A mí me gusta, pero mamá dice que este color no me queda bien."
Yo solo me encogí de hombros, dándole a entender que no pensaba lo mismo "Y este color combina bien. Con el vestido y contigo" tomé un pañuelo de seda azul, lo até delicadamente a un tirante del vestido y luego me di la vuelta para dejarla a solas con su vestido de nuevo.

No sabía si se lo había probado o si terminó comprándolo, hasta esta noche, que la veía bailando del otro lado del salón. No me había equivocado: se le veía perfecto.

La música era alegre y ella se movía al mismo ritmo. En la mano ondeaba el pañuelo azul, que era su único compañero de baile. A su lado había una mesa repleta de personas que la animaban a seguir bailando y ella reía despreocupadamente.

Reconocí a uno de sus hermanos -el serio- en la mesa, pero no había señales de ningún otro integrante de su familia. Cuando la canción terminó, ella se acercó a la mesa a tomar un vaso completo de agua y al empezar la siguiente melodía, que era un poco más lenta, intentó jalar a su hermano del brazo. Él negó con la cabeza, sonriendo. Ella no hizo otro intento y volvió sola a la pista a bailar de nuevo. Yo la seguí observando.

Otra melodía alegre y ella se movía sin parar. Una melodía romántica y ella se paró sola al lado de la pista, mientras todas la parejas de su mesa bailaban abrazados. Caminé hasta ella y sin palabra, la tomé por los brazos y la llevé a al centro de la pista. Le pasé una mano por la cintura, ella se acercó a mí y empezamos a bailar. Ella era una buena bailarina y nos acoplamos bien.

"Nunca creí que te vería en una fiesta así" le dije.

"Penélope se enfermó y mamá me hizo acompañar a Brian. Esa es la desventaja de ser la única hermana: tienes que hacer de suplente de novias" gruñó, pero volvió a sonreir inmediatamente después.

"Me alegra que te compraras ese vestido" le susurré al oído.

Levantó la vista para encontrar mis ojos "Es mi favorito."

"Sabía que se te vería bien."

"Es mi favorito" repitió con una sonrisa traviesa y recargó su cabeza en mi pecho. La melodía terminó poco después y ella se separó de mí. La perdí de vista.

Fui al lado del salón en donde estaban las bebidas y tomaba una cerveza cuando vi un flash de pelo rojo. Levanté otra cerveza de mantequilla y me dirijí debajo de uno de los candelabros, desde donde ella miraba hacia afuera.

"¿Una cerveza?" ofrecí a su espalda.

"No, gracias" sacudió la cabeza lentamente sin voltear a verme.

"¿Por qué?" ella se encogió de hombros "¿Un chocolate?" esta vezgiró su cabeza y me lanzó una mirada divertida.

"¿Cómo consigues chocolate en una fiesta así?"

"Magia." Dijo rienndo -" ¿Eso fue un sí?" estiré la mano con el chocolate adentro, que trataba a de escaparse entre mis dedos.

"No, gracias" volvió a decir.

"¿Por qué?" pregunté de nuevo.

Y de nuevo su respuesta fue encogerse de hombros. Las primeras notas de una canción alegre empezaron a sonar y ella se alejó de mí bailando.

Traté de alcanzarla, pero ella era una diminuta castaña que se movía graciosamente y pasaba como agua entre la multitud bailando. Yo era más grande, más alto y sujetaba dos cervezas y un chocolate que seguía luchando por su libertad.

Para el tiempo que yo me había deshecho de las cervezas, liberado al chocolate y llegado a ella, una canción más lenta empezaba a sonar. Aproveché para volver a tomarla por los brazos y acecarla a mí.

"Me gusta mucho el olor a canela. Hueles bien" me dijo.

"Gracias" respondí. Incliné la cabeza al tiempo que ella miraba hacia arriba.

"¿Por qué me sigues?" me preguntó, dejando de sonreir por un momento.

"Yo no te sigo"

"Has estado detrás de mí toda la noche ¿Qué es lo que quieres?"

"Bailar" la solté de un brazo, ella giró, yo la jalé hacia mí y la acerqué más de lo estrictamente necesario. Volvió a sonreir.

"¿Sólo bailar?"

"Tal vez una cita. El jueves de la próxima semana, a las siete de la noche" dije como si no hubiera estado toda la noche planeándolo.

"Y…" presionó.

"Quizá te dé un beso y te guste tanto que saldrás conmigo una y otra vez,hasta que seasmi novia. Luego te propondré matrimonio y aceptarás. Dos años después tendremos nuestro primer hijo que será igual de apuesto que yo"

"Y modesto" se rió. Bailamos en silencio por un rato.

"Creo que tu hermano te busca" le dije al ver que el otro morocho alzaba el cuello a la orilla de la mutitud.

Volteó a donde yo le apunté, sin dejar de bailar y rodó los ojos en señal de molestia. "Me trae a estas horribles fiestas y cuando por primera vez no me estoy muriendo de aburrimiento, quiere irse" exclamó, pero no paramos de bailar hasta que la cancion terminó "Te veo el jueves" dijo antes de tomar mi cara con sus manos y ponerse de puntas para darme un beso en los labios. La sorpresa no me dejó reaccionar inmediatamente, antes de que pudiera abrazarla para seguir besándola, ella se separó y me sonrió. "Bailas bien, como si estuvieras enamorado."

Se dio la vuelta y caminó hasta su hermano. Los dos salieron juntos de la fiesta.

Yo me quedé parado en medio de la multitud que ahora bailaba al ritmo de otra canción más rápida y me di cuenta de que en la mano tenía el pañuelo azul. Más tarde sonreí al darme cuenta de que mágicamente, tenía escrito Jenny en una se las esquinas.

martes, 9 de agosto de 2011


El tiempo cura todo esa es una gran mentira, siempre he creído que si realmente quieres a esa persona tanto no la olvidas en unos días a veces pueden pasar años; aunque te engañes a ti mismo diciendo que ya todo paso si es importante no pasa así de fácil como unos dicen.

Por esa persona sentí lo que jamás por alguien, sentí odio, amor, pasión, deseo, venganza, capricho, amistad… pasé por todos los sentimientos buenos y malos; y al final solo quedo una pregunta ¿Por que?…



lunes, 4 de octubre de 2010

Night like a princess

Cae la noche sobre Brooklyn, la pequeña princesa, camina lentamente por sus calles, escucha música es su viejo mp3, observa a todo el mundo. Ve como se ríen, como pelean, como otros lloran o simplemente como caminan solos al igual que ella.
Pero para ella no es un paseo más, es simplemente huir, de su vida, de todas sus preocupaciones y problemas, por que ya no sabe como salir de ellos, porque nota que algo la esta ahogando y no puede quitárselo. Ni siquiera le quedan ya lágrimas que soltar, porque ya las gasto todas, por que ya no encuentra una razón para soltarlas.
Y sigue caminando por las calles, sin pararse a mirar a su alrededor, sin ver como la gente la mira, sin pensar que aún es una niña en una gran ciudad de noche, sin ver ningún peligro. Porque en esos momentos, que alguien intente robarla o algo más peligroso le da simplemente igual.
Ella sigue su pequeño camino sin rumbo fijo, solamente huyendo, de sus amigas, de su hermano, de sus padres, huyendo de la sociedad, por que lo único que la ha hecho es dañarla, no sabe si eso solo a sido en el último año o simplemente a sido que ha crecido, como dicen los adultos, ha madurado. Siempre lo había querido, pero ahora que lo estaba viviendo daría cualquier cosa por volver a esa bonita infancia en la que nada salía mal, en la que todo se arreglaba con un beso o una sonrisa.
En un momento determinado alguien la coge del brazo, pero ella ni se para a pensar, pega un empujón a esa persona y sigue su camino, un poco más deprisa que antes por primera vez en la noche es consciente que eso que esta haciendo puede terminar mal. Ve un pequeño parque, y decide quedarse allí un rato, al fin y al cabo no puede verdaderamente huir de lo que ella quiere. Se sienta en uno de los columpios, levanta la vista al cielo, y lo ve, inmenso, grande, oscuro con sus miles de pequeños puntos, y se siente pequeña, se siente aún más pequeña que todo los días cuando va al colegio y tiene que lidiar con la gente, se siente incluso más pequeña que ese día, cuando no fue al colegio y al final la pillaron.
Se para a pensar en su cutre vida, en un piso mediocre donde apenas tiene intimidad con su familia, en su importante colegio, donde ella se ha tenido que inventar una estúpida máscara para que nadie sepa de donde es en realidad, se pone a pensar sobre sus hipócritas amigas, que sabe que ni se les pueden llamar así ya que solo piensan en ellas mismas. Y la duele, y sabe que se esta haciendo daño a ella misma, al meterse en tantas mentiras, engaños, rumores. Pero una vez quiso ser como ellas, como la gente popular, rica, y ahora estaba pagando todo lo que había tenido que hacer para llegar a más o menos la posición que tenía.
Comienza a hacer aire, y la pequeña princesa tiene frío, pero no quiere volver a casa por encima de ninguna cosa, sabe que allí tendrá que volver a abrir los ojos, y no quiere y la da miedo, por que a pesar del frío y de que es demasiado de noche, ella esta bien, siendo ella misma, por un momento en su vida, sin impórtale que hace, que piensa y si pudiera hacerlo, que dice. Está demasiado a gusto en su pequeño cuento de hadas de una noche para romperlo.
El columpio de al lado comienza a chirriar, ella asustada levanta la mirada del suelo, que es donde la tenía mientras pensaba sobre todo un poco, y le ve, a él, a el príncipe azul que toda princesa podría buscar. Es guapo, inteligente, divertido y aún sabiendo todo el poder que tiene sobre todo el mundo, es el más humilde. La estaba mirando, la princesa no sabe durante cuanto tiempo, tampoco la importa, lo único que no quiere hacer es romper ese silencio porque sabe que cuando tenga que hablar tendrá que poner esa voz de indiferencia que la caracteriza, diciendo con cada palabra " paso de todo".

- Hace una bonita noche ¿verdad?

Tú miras para otro lado, sabes que vas a tener que hablar y por un momento te preguntas si con él si puedes ser tu misma. Tienes que hacer la decisión al final decides decir lo que te sale del corazón.

- Hace una noche para pensar ¿No es así?

Él sonríe, no sabes si a ti, a tu comentario o simplemente no es por nada.

- Es cierto, hace una noche para pensar, ¿Qué haces por este barrio tú tan sola?

- Huir - se lo sueltas de repente, sin pararte a pensar que tal vez el no quería escuchar ese tipo de comentarios que simplemente preguntaba por ser amable- Lo siento, no debería haber dicho eso- te disculpas con un ligero rubor en tus mejillas.

- ¿Porqué lo sientes? - te pregunta - Sí te digo la verdad yo también lo hacía, me gusta pasear por la noche y evadirme del mundo.

No sabes si creerte eso que te dice, como él, una persona que tiene todo quiere evadirse de su mundo, piensas que te está tomando el pelo, por eso te impulsas hacía delante y saltas del columpio, no quieres escuchar compasión de sus labios, eso no es lo que quieres escuchar.

- Espera - Él te coge del brazo y te gira para mirarle ves inseguridad en sus ojos y te parece algo estúpido - Mira, no se que he dicho, pero por favor no te vayas, en serio...

Tú te quedas colapsada, nunca pensaste que él pudiese pedir que te quedaras un rato con él, al final vuelves al lugar donde estabas impulsándote un poco en el columpio pudiendo mostrar así un poco los nervios que siente tu cuerpo.

- Así que evadirte del mundo ¿Eh?- decides romper tu el hielo tras unos minutos de silencio.

- Sí, ya sabes, olvidar todos los problemas con mi familia, con mis amigos, que te voy a contar a ti, estoy seguro que me entiendes.

Tú asientes con la cabeza distraída, te acabas de dar cuenta, que él también es humano, y también sufre y tienes problemas con su vida, y te llamas tonta a ti misma por no haberte dado cuenta antes, al igual que tu te pones máscaras con la gente el también puede cambiar su forma de ser, no tan bruscamente como tú pero...

- ¿Sabes? No deberías estar por aquí sola, es peligroso ¿Nunca te lo han dicho?.

- Lo sé, bueno lo sé ahora, cuando salí de mi casa ni me pare a pensar en eso ni es coger un abrigo - dices señalando tus brazos desnudos y soltando una pequeña risa- la próxima vez intentare ser más consciente de por donde ando.

Él se quita su chaqueta y te la tiende a ti, siempre ante todo es un perfecto caballero.

- Además estoy seguro que tu hermano debe estar preocupado, y tus padres ya ni lo quiero pensar - dice él levantándose del columpio y dándote la mano para hacer lo mismo - Venga vamos, te acompaño a casa.

Sabes que tiene razón por lo que aceptas su mano y te levantas, él no hace ningún amago de soltarte la mano por lo que tu ni lo intentas.

- Y para ti, ¿No es peligroso también andar por estas calles?

Se ríe, como nunca lo habías visto antes, y te gusta lo que ves y por fin te sientes a gusto, aun que sea solo unos segundos.

- Bueno, yo soy un chico mayor y fuerte - te dice poniendo cara de arrogante pero se queda en una graciosa mueca - no creo que la gente se meta conmigo.

Y ahora te toca a ti reír, como hacía mucho tiempo que no lo hacías, de verdad, sin cortarte, sacando lo mejor de ti.

- ¿Te digo una cosa? - te vuelve a preguntar él después de verte reír.

- ¿Qué?

- Estás mucho más guapa riéndote, deberías hacerlo más en el colegio que siempre te veo triste.

Tú bajas la cabeza medio avergonzada, te sorprendes al darte cuenta que ese chico se fija en ti en la escuela, y por una parte sientes vergüenza pero por otra alegría de saber que por lo menos un segundo se ha fijado en ti. Se da cuenta de que has bajado la cabeza y te pone su mano en el mentón y te sube la cabeza. Murmurando un "así estas más guapa", Vuelves a sonrojarte, pero ya te da igual.
Paseáis por las mismas calles que tu habías recorrido sola, ya no piensas en como están los demás, o en el dolor de tu asquerosa vida, porque solo estás disfrutando, intentando recordar cada movimiento, cada palabra, cada risa.
Por fin llegáis a tu portal, este viaje de vuelta se te ha hecho mucho más corto que el anterior, le miras y te gusta pillarle mirándote a ti, porque te hace sentir especial.
Y no olvida ningún momento por que ella sabe que esto puede que no se vuelva a repetir nunca porque a la mañana siguiente cada uno volvería a interpretar su papel en la gran obra de teatro que era la vida.

Aún así toda chica tiene su momento de sentirse princesa.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Tango

El sonido de un violín rasgaba el aire, mientras los pasos lentos y meticulosos de la joven se hacían cada vez más seguros y rápidos. Sus rizos bailaban por su cara y su espalda rígida a la vez que la música elevaba su tono. El muchacho se agarraba de la cintura fina de la joven y ella, con la mirada clavada en el suelo, ejecutaba los pasos con firmeza y seguridad, pero con una elegancia de la cuál nadie la creía poseedora. Porque ella se transformaba al bailar, y sus manos y sus pies se hacían parte del aire y se movían como si se tratase de una bailarina formal.
La Luna fría de Abril expandía a través de un óculo su luz tenebrosa. El viento emitía silbidos que eran callados por el compás de la música y un cercano ulular de una lechuza les hizo estremecer.
Lo había aprendido todo por casualidad, y aunque antes lo había considerado todo una pérdida de tiempo, ahora sabía bien que sin eso no podría vivir. En cada paso ella expresaba sentimientos. Para ella, al igual que para el joven que la acompañaba, el baile era una forma más de interpretar los pensamientos, deseos y anhelos. Y en esos momentos, dudando de todos y de todo, el baile era una solución grata a sus problemas.
No querían pensar, eso les haría caer en la mentira de la culpabilidad. Y la culpa no tenía cabida alguna en aquella habitación de paredes frías de roca oscura y poca ventilación. El calor era palpable, pero no era un impedimento para ellos. El calor les traía sin cuidado.
La música se iba haciendo cada vez más dura, más violenta, pero a la vez más hermosa y mística. Rechazaron y volvieron a rechazar esos pensamientos blasfemitos que los sacudían. Un roce podía ser interpretado como una caricia intencionada, pero hacía tiempo que habían dejado de lado las formalidades y se habían dedicado a sentir y bailar.
El tiempo pasaba, y el sonido del tic-tac del reloj les pesaba en el alma.
El chico la miraba con la sonrisa de lado. Le encantaba bailar esa pieza con la chica, aunque nunca lo reconocería. Además, verla, tenerla tan cerca, poder oler su aroma a vainilla y flores, sentir la suavidad de su cabello en su mano, sentir su piel fina y la estrecha cintura ampliándose con la cadera. Sus labios remojados y brillantes, su nariz pequeña. Y esos pasos, lentos, seguros, firmes... Era un mundo que sólo ellos dos compartían.
En lo oscuro de la habitación, y como si fueran dos amantes prohibidos, él y ella se acercaron más en el momento preciso. Ella sonrió por primera vez en toda la noche y él le dirigió una mirada cálida...la primera en toda su vida.
La pieza cambió, pero seguía siendo la misma música, el mismo baile. Y tras el segundo rasgar del violín, y en un tango sin fin, sus cuerpos y sus almas se unieron aún más, hasta que el aire no tuvo cabida entre ellos dos.
El vestido negro, suave, largo hasta los pies, de la joven se confundían en la oscuridad con su propia piel, tan suave cómo ésta. Sus zapatos de baile de terciopelo taconeaban suavemente, mientras los de él seguían cada paso suyo con maestría. Porque eso era él, un maestro, al menos del engaño.
El sudor caía por sus sienes y el dolor del costado era ya un hecho, pero aún así no paraban, porque él sabía que justo en el momento de soltarla sería otra vez el mismo ante todos. Era sólo en esos momentos cuando dejaba de sentir su apellido y podía colocarse al lado de la castaña y acariciarla.

Ella, por su parte, se dejaba hacer. Besarse era impensable, pensaban los dos, pero sus labios ya estaban unidos. No corpóreamente, sino de una manera trascendental. Las caricias, los murmullos en la oscuridad, las respiraciones entrecortadas...Sueños, simples sueños. Su mano firme en la cintura, su pelo cayéndole despreocupadamente por los ojos grises, sus brazos fuertes al descubierto, sus labios, su cuello...
La canción terminó y así la magia. Ella y él se separaron bruscamente y no se miraron a los ojos. Habían estado en los brazos del enemigo pero no se sentían culpables. Si él hubiese leído un poco más obras sobre Sheakspeare, se hubieran podido comparar a Romeo y Julieta.
Sí, quizá entonces hubiesen podido arreglarlo desde un principio. No aceptaban la realidad, pero tampoco lo comprendían. Nunca habían estado enamorados de verdad, y no le daban nombre a aquél sentimiento que los estaba volviendo locos.
El silencio era fuerte pero cómodo. Él se atrevió a levantar los ojos y a mirarla. Exquisita era la palabra. Exquisita belleza unido a otras cualidades que había descubierto de ella en la oscuridad. Como su silencio. Como su risa. Como su llanto. Como sus pasos suaves de baile y sus ojos profundos que analizaban cada cosa. Como sus suaves manos que todo lo tocaban, todo lo palpaban.
Volvió a observarla, esta vez con más detalle y minuciosidad. Estaba cansada y tenía las mejillas arreboladas, como dos amapolas. Sus ojos estaban cerrados y respiraba fuertemente. Los labios entreabiertos, el pecho subiendo y bajando, el escote del corpiño negro lleno de perlas de sudor, la falda larga que marcaba la apretada cintura y las sensuales caderas, los brazos yertos sobre el cuerpo.
Ella abrió los ojos y se mordió el labio en una sonrisa que sólo vislumbró a medias. La luz era suave, al igual que el silencio. Aquel silencio... Estaba guapo, o eso pensó al fijarse en él. De negro, como siempre, con aquella sonrisa sexy y sudando como nunca. Rió. Y era suyo. Volvió a reír, y él se acercó con paso lento e insinuante.
Nunca.
Nada.
Nada puede pasar, nada. No les une nada, salvo pasión por un mismo baile. Pero él esta noche no se iba sin un beso.
Ella también se acercó. Un beso, sólo un beso. Distingue entre pasión y lujuria.
Él la tomó fuertemente de la cintura y la acercó con fuerza. Lujuria, palabra perfecta para aquella chica. Lujuria en sus ojos, en sus labios, en sus curvas y en su piel. Y él había caído en la trampa. Cogió su mentón y la obligó a mirarlo. Ella metía las manos por su camiseta.
-Bésame- era una orden más que una súplica.
Y ella no lo hizo. Se zafó de sus brazos y se marchó a la esquina dónde tenía su bolsa de deporte. La cogió y él se le abalanzó. La cogió por los brazos y la besó. Sus labios se unieron y sus lenguas se entremezclaron en una danza más vertiginosa que el tango que antes bailaban. Ninguno tenía el poder, ambos lo querían. Él mordía, ella también. Él chupaba, ella se dejaba hacer. El deseo se convirtió en placer y desearon más. Los lazos del corpiño volaron, al igual que la camiseta del chico.
No se podía perder nada, pero sí ganar mucho.
La noche se cerró y las nubes no permitieron que la Luna alumbrara a los amantes.
Lucha encarnizada y pasión efervescente. Lujuria en sus ojos, en sus movimientos. Gritos y gemidos en la oscuridad. Arañazos en su espalda al tocar el cielo y caricias suaves cuando ella, destrozada, se sumergió en un llanto profundo en su pecho.
Él la besó suavemente.
-No me dejes. No te separes de mí-suplicó ella aferrándose todavía más.
-No lo haré no te preocupes. Ya nada nos separará.
Un pacto sellado. Nada los separaría, ni nadie.
La Luna volvió a aparecer entre las nubes, pero ya no alumbraba a dos enemigos unidos por un gusto en concreto, sino a dos jóvenes amantes que, esa noche, sin razón y sin concierto, se prometieron amor eterno.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Todos hemos experimentado la ira alguna vez. ¡Incluso algunos disfrutamos con ella! La ira es un obstáculo al crecimiento espiritual y puede adoptar muchas formas: gritos, violencia, respuestas cortantes y tonos hirientes, fumar comprar, comer en exceso, dejar de comer, beber, drogarse, entre otras muchas cosas.

¿De dónde procede toda nuestra ira? Si examinamos esta poderosa emoción, hallaremos que gran parte de nuestra ira realmente procede del miedo a no poder controlar el resultado de una determinada situación o las acciones de los demás. Surge de nuestra no aceptación de una situación dada o de la manera en que una persona está actuando, que es diferente de la manera en que nosotros actuaríamos. No entendemos por qué los demás no hacen las cosas a nuestra manera. A veces, la ira proporciona a la persona enojada una sensación que la hace sentirse viva. El corazón se acelera y la respiración se hace más rápida. La ira parece crear energía. Yo solía disfrutar de mi ira porque me hacía sentir como si mis nervios estuviesen calientes y listos para entrar en acción. ¡Había excitación en el aire! Pero me di cuenta de que, además de la ira, existían formas más productivas de sentirse vivo, y que las consecuencias de querer sentir más ira, en lugar de menos, me perjudicaban, mental o físicamente.

La manera instintiva y natural de expresar ira es responder agresivamente. La ira es una respuesta natural y adaptativa ante las amenazas, inspira emociones y comportamientos poderos y a menudo agresivos que nos permiten luchar y defendernos cuando somos atacados. Cierta cantidad de ira, por lo tanto, es necesaria para nuestra supervivencia. Por otra parte, no podemos emprenderla a golpes con cada persona u objeto que nos moleste. Leyes, normas sociales, y sentido común ponen límites al alcance de nuestra ira.
La gente utiliza una gran va
riedad de procesos conscientes e inconscientes para ocuparse de sus sensaciones de ira. Los tres principales son: expresarla, suprimirla y calmarse. Expresar los sentimientos de enfado de un modo asertivo, no agresivo, es la manera más sana. Para hacer esto, primero has de aprender a dejar claro cuáles son tus necesidades, y cómo satisfacerlas sin dañar a otros. El ser asertivo no significa arremeter contra los demás o exigir; significa ser respetuoso con uno mismo y los demás.

Otro modo de afrontar la ira consiste en suprimirla para luego transformarla o redirigirla. Esto sucede cuando reprimes la rabia, dejas de pensar en ella y te centras en algo positivo que hacer. El objetivo es inhibir o suprimir la ira y convertirla en un comportamiento más constructivo. El peligro con este tipo de respuesta es que si inhibes la expresión exterior de la ira, puede volverse hacia el interior, hacia ti, provocando hipertensión o depresión. La ira no expresada puede crear otros problemas. Por ejemplo, puede dar lugar a expresiones patológicas de la ira tales como comportamiento pasivo-agresivo (vengarse indirectamente, sin decir claramente el motivo, en vez de enfrentarse directamente a la persona), o una actitud cínica y hostil permanente. Las personas que están constantemente rebajando a otras, criticando todo, y haciendo comentarios cínicos no ha aprendido cómo expresar su enfado de un modo constructivo. No es extraño que estas personas no suelan tener mucho éxito en sus relaciones.
Otra estrategia consiste en calmarse. Esto significa no sólo controlar tu comportamiento exterior, sin también controlar tus respuestas internas, tomando medidas para bajar tu ritmo cardíaco, tranquilizarte, y dejar que la ira vaya pasando.

viernes, 27 de agosto de 2010

Yo creo..

Dijeron que no lo conseguirias, esta muy lejos.
Y desde que lo dijeron, ha sido duro,
Pero no improtan las noches que tuviste que llorar,
Porque nunca lo abandonaste en tu interior.
Trabajaste realmente duro y sabes lo que quieres y necesitas.
Por eso cree y nunca lo abandones, simplemente habla
con tu alma y dí:
Yo creo, yo puedo.
Yo creo, lo hare.
Yo se que mis sueños son reales.
Yo creo, cantaré.
Yo creo, bailaré.
Creo que voy a crecer muy pronto, eso es lo que hago, creer.
Tus metas son solo algo en tu alma
Y sabes que demsotraras tus movimientos.
Sigue creando ideas en tu mente,
Por eso solo cree, se cumpliran en un tiempo.
Estaran bien, deja tus preocupaciones y el estres atras
solo dejalo ir, deja que la musica fluya dentro de tí-
Olvida todas tus penas y solo empeiza a creer.
Yo creo, yo puedo.
Yo creo, lo hare.
Yo se que mis sueños son reales.
Yo creo, cantaré.
Yo creo, bailaré.
Creo que voy a crecer muy pronto, eso es lo que hago, creer.
Que nunca te importe lo que la gente diga.
Manten alta tu cabeza y date la cuelta con todas tus esperanzas y tus sueños.
Yo creceé-
Hasta pense que esto no era para mí.
No lo abandonare, seguire con ello.
Mira al cielo.
Yo alcanzare todas mis necesidades.
Yo siempre creceré
Yo creo, Creo que voy a crecer muy pronto y MIRAMÉ
YO CREO EN MÍ.