lunes, 4 de octubre de 2010

Night like a princess

Cae la noche sobre Brooklyn, la pequeña princesa, camina lentamente por sus calles, escucha música es su viejo mp3, observa a todo el mundo. Ve como se ríen, como pelean, como otros lloran o simplemente como caminan solos al igual que ella.
Pero para ella no es un paseo más, es simplemente huir, de su vida, de todas sus preocupaciones y problemas, por que ya no sabe como salir de ellos, porque nota que algo la esta ahogando y no puede quitárselo. Ni siquiera le quedan ya lágrimas que soltar, porque ya las gasto todas, por que ya no encuentra una razón para soltarlas.
Y sigue caminando por las calles, sin pararse a mirar a su alrededor, sin ver como la gente la mira, sin pensar que aún es una niña en una gran ciudad de noche, sin ver ningún peligro. Porque en esos momentos, que alguien intente robarla o algo más peligroso le da simplemente igual.
Ella sigue su pequeño camino sin rumbo fijo, solamente huyendo, de sus amigas, de su hermano, de sus padres, huyendo de la sociedad, por que lo único que la ha hecho es dañarla, no sabe si eso solo a sido en el último año o simplemente a sido que ha crecido, como dicen los adultos, ha madurado. Siempre lo había querido, pero ahora que lo estaba viviendo daría cualquier cosa por volver a esa bonita infancia en la que nada salía mal, en la que todo se arreglaba con un beso o una sonrisa.
En un momento determinado alguien la coge del brazo, pero ella ni se para a pensar, pega un empujón a esa persona y sigue su camino, un poco más deprisa que antes por primera vez en la noche es consciente que eso que esta haciendo puede terminar mal. Ve un pequeño parque, y decide quedarse allí un rato, al fin y al cabo no puede verdaderamente huir de lo que ella quiere. Se sienta en uno de los columpios, levanta la vista al cielo, y lo ve, inmenso, grande, oscuro con sus miles de pequeños puntos, y se siente pequeña, se siente aún más pequeña que todo los días cuando va al colegio y tiene que lidiar con la gente, se siente incluso más pequeña que ese día, cuando no fue al colegio y al final la pillaron.
Se para a pensar en su cutre vida, en un piso mediocre donde apenas tiene intimidad con su familia, en su importante colegio, donde ella se ha tenido que inventar una estúpida máscara para que nadie sepa de donde es en realidad, se pone a pensar sobre sus hipócritas amigas, que sabe que ni se les pueden llamar así ya que solo piensan en ellas mismas. Y la duele, y sabe que se esta haciendo daño a ella misma, al meterse en tantas mentiras, engaños, rumores. Pero una vez quiso ser como ellas, como la gente popular, rica, y ahora estaba pagando todo lo que había tenido que hacer para llegar a más o menos la posición que tenía.
Comienza a hacer aire, y la pequeña princesa tiene frío, pero no quiere volver a casa por encima de ninguna cosa, sabe que allí tendrá que volver a abrir los ojos, y no quiere y la da miedo, por que a pesar del frío y de que es demasiado de noche, ella esta bien, siendo ella misma, por un momento en su vida, sin impórtale que hace, que piensa y si pudiera hacerlo, que dice. Está demasiado a gusto en su pequeño cuento de hadas de una noche para romperlo.
El columpio de al lado comienza a chirriar, ella asustada levanta la mirada del suelo, que es donde la tenía mientras pensaba sobre todo un poco, y le ve, a él, a el príncipe azul que toda princesa podría buscar. Es guapo, inteligente, divertido y aún sabiendo todo el poder que tiene sobre todo el mundo, es el más humilde. La estaba mirando, la princesa no sabe durante cuanto tiempo, tampoco la importa, lo único que no quiere hacer es romper ese silencio porque sabe que cuando tenga que hablar tendrá que poner esa voz de indiferencia que la caracteriza, diciendo con cada palabra " paso de todo".

- Hace una bonita noche ¿verdad?

Tú miras para otro lado, sabes que vas a tener que hablar y por un momento te preguntas si con él si puedes ser tu misma. Tienes que hacer la decisión al final decides decir lo que te sale del corazón.

- Hace una noche para pensar ¿No es así?

Él sonríe, no sabes si a ti, a tu comentario o simplemente no es por nada.

- Es cierto, hace una noche para pensar, ¿Qué haces por este barrio tú tan sola?

- Huir - se lo sueltas de repente, sin pararte a pensar que tal vez el no quería escuchar ese tipo de comentarios que simplemente preguntaba por ser amable- Lo siento, no debería haber dicho eso- te disculpas con un ligero rubor en tus mejillas.

- ¿Porqué lo sientes? - te pregunta - Sí te digo la verdad yo también lo hacía, me gusta pasear por la noche y evadirme del mundo.

No sabes si creerte eso que te dice, como él, una persona que tiene todo quiere evadirse de su mundo, piensas que te está tomando el pelo, por eso te impulsas hacía delante y saltas del columpio, no quieres escuchar compasión de sus labios, eso no es lo que quieres escuchar.

- Espera - Él te coge del brazo y te gira para mirarle ves inseguridad en sus ojos y te parece algo estúpido - Mira, no se que he dicho, pero por favor no te vayas, en serio...

Tú te quedas colapsada, nunca pensaste que él pudiese pedir que te quedaras un rato con él, al final vuelves al lugar donde estabas impulsándote un poco en el columpio pudiendo mostrar así un poco los nervios que siente tu cuerpo.

- Así que evadirte del mundo ¿Eh?- decides romper tu el hielo tras unos minutos de silencio.

- Sí, ya sabes, olvidar todos los problemas con mi familia, con mis amigos, que te voy a contar a ti, estoy seguro que me entiendes.

Tú asientes con la cabeza distraída, te acabas de dar cuenta, que él también es humano, y también sufre y tienes problemas con su vida, y te llamas tonta a ti misma por no haberte dado cuenta antes, al igual que tu te pones máscaras con la gente el también puede cambiar su forma de ser, no tan bruscamente como tú pero...

- ¿Sabes? No deberías estar por aquí sola, es peligroso ¿Nunca te lo han dicho?.

- Lo sé, bueno lo sé ahora, cuando salí de mi casa ni me pare a pensar en eso ni es coger un abrigo - dices señalando tus brazos desnudos y soltando una pequeña risa- la próxima vez intentare ser más consciente de por donde ando.

Él se quita su chaqueta y te la tiende a ti, siempre ante todo es un perfecto caballero.

- Además estoy seguro que tu hermano debe estar preocupado, y tus padres ya ni lo quiero pensar - dice él levantándose del columpio y dándote la mano para hacer lo mismo - Venga vamos, te acompaño a casa.

Sabes que tiene razón por lo que aceptas su mano y te levantas, él no hace ningún amago de soltarte la mano por lo que tu ni lo intentas.

- Y para ti, ¿No es peligroso también andar por estas calles?

Se ríe, como nunca lo habías visto antes, y te gusta lo que ves y por fin te sientes a gusto, aun que sea solo unos segundos.

- Bueno, yo soy un chico mayor y fuerte - te dice poniendo cara de arrogante pero se queda en una graciosa mueca - no creo que la gente se meta conmigo.

Y ahora te toca a ti reír, como hacía mucho tiempo que no lo hacías, de verdad, sin cortarte, sacando lo mejor de ti.

- ¿Te digo una cosa? - te vuelve a preguntar él después de verte reír.

- ¿Qué?

- Estás mucho más guapa riéndote, deberías hacerlo más en el colegio que siempre te veo triste.

Tú bajas la cabeza medio avergonzada, te sorprendes al darte cuenta que ese chico se fija en ti en la escuela, y por una parte sientes vergüenza pero por otra alegría de saber que por lo menos un segundo se ha fijado en ti. Se da cuenta de que has bajado la cabeza y te pone su mano en el mentón y te sube la cabeza. Murmurando un "así estas más guapa", Vuelves a sonrojarte, pero ya te da igual.
Paseáis por las mismas calles que tu habías recorrido sola, ya no piensas en como están los demás, o en el dolor de tu asquerosa vida, porque solo estás disfrutando, intentando recordar cada movimiento, cada palabra, cada risa.
Por fin llegáis a tu portal, este viaje de vuelta se te ha hecho mucho más corto que el anterior, le miras y te gusta pillarle mirándote a ti, porque te hace sentir especial.
Y no olvida ningún momento por que ella sabe que esto puede que no se vuelva a repetir nunca porque a la mañana siguiente cada uno volvería a interpretar su papel en la gran obra de teatro que era la vida.

Aún así toda chica tiene su momento de sentirse princesa.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Tango

El sonido de un violín rasgaba el aire, mientras los pasos lentos y meticulosos de la joven se hacían cada vez más seguros y rápidos. Sus rizos bailaban por su cara y su espalda rígida a la vez que la música elevaba su tono. El muchacho se agarraba de la cintura fina de la joven y ella, con la mirada clavada en el suelo, ejecutaba los pasos con firmeza y seguridad, pero con una elegancia de la cuál nadie la creía poseedora. Porque ella se transformaba al bailar, y sus manos y sus pies se hacían parte del aire y se movían como si se tratase de una bailarina formal.
La Luna fría de Abril expandía a través de un óculo su luz tenebrosa. El viento emitía silbidos que eran callados por el compás de la música y un cercano ulular de una lechuza les hizo estremecer.
Lo había aprendido todo por casualidad, y aunque antes lo había considerado todo una pérdida de tiempo, ahora sabía bien que sin eso no podría vivir. En cada paso ella expresaba sentimientos. Para ella, al igual que para el joven que la acompañaba, el baile era una forma más de interpretar los pensamientos, deseos y anhelos. Y en esos momentos, dudando de todos y de todo, el baile era una solución grata a sus problemas.
No querían pensar, eso les haría caer en la mentira de la culpabilidad. Y la culpa no tenía cabida alguna en aquella habitación de paredes frías de roca oscura y poca ventilación. El calor era palpable, pero no era un impedimento para ellos. El calor les traía sin cuidado.
La música se iba haciendo cada vez más dura, más violenta, pero a la vez más hermosa y mística. Rechazaron y volvieron a rechazar esos pensamientos blasfemitos que los sacudían. Un roce podía ser interpretado como una caricia intencionada, pero hacía tiempo que habían dejado de lado las formalidades y se habían dedicado a sentir y bailar.
El tiempo pasaba, y el sonido del tic-tac del reloj les pesaba en el alma.
El chico la miraba con la sonrisa de lado. Le encantaba bailar esa pieza con la chica, aunque nunca lo reconocería. Además, verla, tenerla tan cerca, poder oler su aroma a vainilla y flores, sentir la suavidad de su cabello en su mano, sentir su piel fina y la estrecha cintura ampliándose con la cadera. Sus labios remojados y brillantes, su nariz pequeña. Y esos pasos, lentos, seguros, firmes... Era un mundo que sólo ellos dos compartían.
En lo oscuro de la habitación, y como si fueran dos amantes prohibidos, él y ella se acercaron más en el momento preciso. Ella sonrió por primera vez en toda la noche y él le dirigió una mirada cálida...la primera en toda su vida.
La pieza cambió, pero seguía siendo la misma música, el mismo baile. Y tras el segundo rasgar del violín, y en un tango sin fin, sus cuerpos y sus almas se unieron aún más, hasta que el aire no tuvo cabida entre ellos dos.
El vestido negro, suave, largo hasta los pies, de la joven se confundían en la oscuridad con su propia piel, tan suave cómo ésta. Sus zapatos de baile de terciopelo taconeaban suavemente, mientras los de él seguían cada paso suyo con maestría. Porque eso era él, un maestro, al menos del engaño.
El sudor caía por sus sienes y el dolor del costado era ya un hecho, pero aún así no paraban, porque él sabía que justo en el momento de soltarla sería otra vez el mismo ante todos. Era sólo en esos momentos cuando dejaba de sentir su apellido y podía colocarse al lado de la castaña y acariciarla.

Ella, por su parte, se dejaba hacer. Besarse era impensable, pensaban los dos, pero sus labios ya estaban unidos. No corpóreamente, sino de una manera trascendental. Las caricias, los murmullos en la oscuridad, las respiraciones entrecortadas...Sueños, simples sueños. Su mano firme en la cintura, su pelo cayéndole despreocupadamente por los ojos grises, sus brazos fuertes al descubierto, sus labios, su cuello...
La canción terminó y así la magia. Ella y él se separaron bruscamente y no se miraron a los ojos. Habían estado en los brazos del enemigo pero no se sentían culpables. Si él hubiese leído un poco más obras sobre Sheakspeare, se hubieran podido comparar a Romeo y Julieta.
Sí, quizá entonces hubiesen podido arreglarlo desde un principio. No aceptaban la realidad, pero tampoco lo comprendían. Nunca habían estado enamorados de verdad, y no le daban nombre a aquél sentimiento que los estaba volviendo locos.
El silencio era fuerte pero cómodo. Él se atrevió a levantar los ojos y a mirarla. Exquisita era la palabra. Exquisita belleza unido a otras cualidades que había descubierto de ella en la oscuridad. Como su silencio. Como su risa. Como su llanto. Como sus pasos suaves de baile y sus ojos profundos que analizaban cada cosa. Como sus suaves manos que todo lo tocaban, todo lo palpaban.
Volvió a observarla, esta vez con más detalle y minuciosidad. Estaba cansada y tenía las mejillas arreboladas, como dos amapolas. Sus ojos estaban cerrados y respiraba fuertemente. Los labios entreabiertos, el pecho subiendo y bajando, el escote del corpiño negro lleno de perlas de sudor, la falda larga que marcaba la apretada cintura y las sensuales caderas, los brazos yertos sobre el cuerpo.
Ella abrió los ojos y se mordió el labio en una sonrisa que sólo vislumbró a medias. La luz era suave, al igual que el silencio. Aquel silencio... Estaba guapo, o eso pensó al fijarse en él. De negro, como siempre, con aquella sonrisa sexy y sudando como nunca. Rió. Y era suyo. Volvió a reír, y él se acercó con paso lento e insinuante.
Nunca.
Nada.
Nada puede pasar, nada. No les une nada, salvo pasión por un mismo baile. Pero él esta noche no se iba sin un beso.
Ella también se acercó. Un beso, sólo un beso. Distingue entre pasión y lujuria.
Él la tomó fuertemente de la cintura y la acercó con fuerza. Lujuria, palabra perfecta para aquella chica. Lujuria en sus ojos, en sus labios, en sus curvas y en su piel. Y él había caído en la trampa. Cogió su mentón y la obligó a mirarlo. Ella metía las manos por su camiseta.
-Bésame- era una orden más que una súplica.
Y ella no lo hizo. Se zafó de sus brazos y se marchó a la esquina dónde tenía su bolsa de deporte. La cogió y él se le abalanzó. La cogió por los brazos y la besó. Sus labios se unieron y sus lenguas se entremezclaron en una danza más vertiginosa que el tango que antes bailaban. Ninguno tenía el poder, ambos lo querían. Él mordía, ella también. Él chupaba, ella se dejaba hacer. El deseo se convirtió en placer y desearon más. Los lazos del corpiño volaron, al igual que la camiseta del chico.
No se podía perder nada, pero sí ganar mucho.
La noche se cerró y las nubes no permitieron que la Luna alumbrara a los amantes.
Lucha encarnizada y pasión efervescente. Lujuria en sus ojos, en sus movimientos. Gritos y gemidos en la oscuridad. Arañazos en su espalda al tocar el cielo y caricias suaves cuando ella, destrozada, se sumergió en un llanto profundo en su pecho.
Él la besó suavemente.
-No me dejes. No te separes de mí-suplicó ella aferrándose todavía más.
-No lo haré no te preocupes. Ya nada nos separará.
Un pacto sellado. Nada los separaría, ni nadie.
La Luna volvió a aparecer entre las nubes, pero ya no alumbraba a dos enemigos unidos por un gusto en concreto, sino a dos jóvenes amantes que, esa noche, sin razón y sin concierto, se prometieron amor eterno.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Todos hemos experimentado la ira alguna vez. ¡Incluso algunos disfrutamos con ella! La ira es un obstáculo al crecimiento espiritual y puede adoptar muchas formas: gritos, violencia, respuestas cortantes y tonos hirientes, fumar comprar, comer en exceso, dejar de comer, beber, drogarse, entre otras muchas cosas.

¿De dónde procede toda nuestra ira? Si examinamos esta poderosa emoción, hallaremos que gran parte de nuestra ira realmente procede del miedo a no poder controlar el resultado de una determinada situación o las acciones de los demás. Surge de nuestra no aceptación de una situación dada o de la manera en que una persona está actuando, que es diferente de la manera en que nosotros actuaríamos. No entendemos por qué los demás no hacen las cosas a nuestra manera. A veces, la ira proporciona a la persona enojada una sensación que la hace sentirse viva. El corazón se acelera y la respiración se hace más rápida. La ira parece crear energía. Yo solía disfrutar de mi ira porque me hacía sentir como si mis nervios estuviesen calientes y listos para entrar en acción. ¡Había excitación en el aire! Pero me di cuenta de que, además de la ira, existían formas más productivas de sentirse vivo, y que las consecuencias de querer sentir más ira, en lugar de menos, me perjudicaban, mental o físicamente.

La manera instintiva y natural de expresar ira es responder agresivamente. La ira es una respuesta natural y adaptativa ante las amenazas, inspira emociones y comportamientos poderos y a menudo agresivos que nos permiten luchar y defendernos cuando somos atacados. Cierta cantidad de ira, por lo tanto, es necesaria para nuestra supervivencia. Por otra parte, no podemos emprenderla a golpes con cada persona u objeto que nos moleste. Leyes, normas sociales, y sentido común ponen límites al alcance de nuestra ira.
La gente utiliza una gran va
riedad de procesos conscientes e inconscientes para ocuparse de sus sensaciones de ira. Los tres principales son: expresarla, suprimirla y calmarse. Expresar los sentimientos de enfado de un modo asertivo, no agresivo, es la manera más sana. Para hacer esto, primero has de aprender a dejar claro cuáles son tus necesidades, y cómo satisfacerlas sin dañar a otros. El ser asertivo no significa arremeter contra los demás o exigir; significa ser respetuoso con uno mismo y los demás.

Otro modo de afrontar la ira consiste en suprimirla para luego transformarla o redirigirla. Esto sucede cuando reprimes la rabia, dejas de pensar en ella y te centras en algo positivo que hacer. El objetivo es inhibir o suprimir la ira y convertirla en un comportamiento más constructivo. El peligro con este tipo de respuesta es que si inhibes la expresión exterior de la ira, puede volverse hacia el interior, hacia ti, provocando hipertensión o depresión. La ira no expresada puede crear otros problemas. Por ejemplo, puede dar lugar a expresiones patológicas de la ira tales como comportamiento pasivo-agresivo (vengarse indirectamente, sin decir claramente el motivo, en vez de enfrentarse directamente a la persona), o una actitud cínica y hostil permanente. Las personas que están constantemente rebajando a otras, criticando todo, y haciendo comentarios cínicos no ha aprendido cómo expresar su enfado de un modo constructivo. No es extraño que estas personas no suelan tener mucho éxito en sus relaciones.
Otra estrategia consiste en calmarse. Esto significa no sólo controlar tu comportamiento exterior, sin también controlar tus respuestas internas, tomando medidas para bajar tu ritmo cardíaco, tranquilizarte, y dejar que la ira vaya pasando.

viernes, 27 de agosto de 2010

Yo creo..

Dijeron que no lo conseguirias, esta muy lejos.
Y desde que lo dijeron, ha sido duro,
Pero no improtan las noches que tuviste que llorar,
Porque nunca lo abandonaste en tu interior.
Trabajaste realmente duro y sabes lo que quieres y necesitas.
Por eso cree y nunca lo abandones, simplemente habla
con tu alma y dí:
Yo creo, yo puedo.
Yo creo, lo hare.
Yo se que mis sueños son reales.
Yo creo, cantaré.
Yo creo, bailaré.
Creo que voy a crecer muy pronto, eso es lo que hago, creer.
Tus metas son solo algo en tu alma
Y sabes que demsotraras tus movimientos.
Sigue creando ideas en tu mente,
Por eso solo cree, se cumpliran en un tiempo.
Estaran bien, deja tus preocupaciones y el estres atras
solo dejalo ir, deja que la musica fluya dentro de tí-
Olvida todas tus penas y solo empeiza a creer.
Yo creo, yo puedo.
Yo creo, lo hare.
Yo se que mis sueños son reales.
Yo creo, cantaré.
Yo creo, bailaré.
Creo que voy a crecer muy pronto, eso es lo que hago, creer.
Que nunca te importe lo que la gente diga.
Manten alta tu cabeza y date la cuelta con todas tus esperanzas y tus sueños.
Yo creceé-
Hasta pense que esto no era para mí.
No lo abandonare, seguire con ello.
Mira al cielo.
Yo alcanzare todas mis necesidades.
Yo siempre creceré
Yo creo, Creo que voy a crecer muy pronto y MIRAMÉ
YO CREO EN MÍ.

lunes, 23 de agosto de 2010

Ping-Pong

-No se que me pasaba, era algo fuera de lo común a lo que soy yo.

¿Si había escuchado hablar de él?

-Claro que sí, pero no es él, el problema; nunca experimente algo así, es muy confuso, aparte, ¿porqué se las agarraría conmigo?

Yo no creo en esas cosas, es de estupidos creer en él.

¿Por qué lo odio?

-Yo no lo odio, pero él es débil y nunca podría convivir con algo así.

¿Qué siento hacia él?

-Decepción, tristeza, talvez un poquito de odio si, pero me hace sentir tantas cosas al mismo tiempo… cosquillas, ternura, afecto, me hace quedarme muda, como si fuera yo la boba, ¡y no él!

Es como si estuviera flotando en el aire, volando por ahí.

¡ES TAN MOLESTO!

¿Qué si no es el y es otra cosa?

-No se, no lo creo, pero si fuera así, me cambiarían muchas cosas.

¿Cuáles?

-Mi humor por ejemplo, tengo cambios tan bruscos cuando él aparece, que ni siquiera podes imaginártelo, es… es como si me poseyera y no puedo sacarlo de mí.

¿Qué si a otras personas les paso lo mismo cuando el apareció?

-Si, les pasa, pero cada persona cuestionada me dijo otra cosa:

Una me dijo que se paraliza, y esta babeando por ahí cuando lo recuerda. Otra me dijo que la lastimo, y llora todo el tiempo; la tercera persona a la que interrogue dice que es fantástico y que si hizo mal alguna vez, no importo porque aprendió muchísimo gracias a él.

Pero la cuarta, la cuarte me contesto con otra cosa, me dijo que cada uno siente distinto cuando el aparece, no hay una regla que diga lo que e tiene que sentir, también me dijo una frase que nunca la vi con el sentido con el que lo dijo; me dijo: “el que no arriesga, no gana”, pero mi interior me dice que el que no arriesga ¡tampoco pierde!

¿Qué voy hacer?

No lo se, esto me supera, él me supera…

¿Que como se llama?

Amor, así se llama.

jueves, 19 de agosto de 2010

Ya no estas

Yo aún no entiendo el porqué,
no sé si algún día lo entenderé
pero mi felicidad depende de ti.
Al cerrar los ojos me acuerdo de ti,
de un nosotros que no llegó a existir...
y siento que tu presencia me vuelve a envolver,
tus brazos me vuelven a abrazar.
y tus labios me vuelven a besar.
Pero abro los ojos y no estás aquí,
nadie me besa ni abraza así.
Y la nada como único olor.
Tu perfume se ha desvanecido,
como lo hiciste tú.
Las horas de clase se me hacen eternas,
cada segundo descuento,
y una y otra vez en mi mente te veo.
Temo que tal vez me olvide de ti
y que tu rostro se desvanezca al fin,
porque yo deseo que suceda,
poder olvidarte, poder olvidar lo nuestro.
Si es que alguna vez llegó a haber algo.
Esos besos eran de amigos ¿verdad?
Yo deseo que no lo fueran...
Pero tú jamás me prometiste nada, no lo hablamos,
lo dimos por supuesto...
aún así puede que no significara nada para ti.
No lo creo, pero mi corazón sufre con esa posibilidad,
y con la posibilidad de no poder verte jamás.
Sé que no tengo ninguna opción de elegir,
quizá quisiste mi amistad, no mi corazón...
Yo sólo lo recordaré... sí, puede que sea la mejor solución.

martes, 17 de agosto de 2010

No mires... SIENTE


-Y bien?-insistió el con aquella misma tranquilidad y arrogancia
-No se que pretendes, pero no lograrás nada... no tienes nada-dijo ella tratando de volver a su postura.
-No pretendo... si logro. Tengo y sabes que te tengo-Dijo el mirándola a los ojos.
-Me das mucha risa. Tan seguro de todo y en el fondo no eres mas que un cobarde..
-Al que deseas.
-No seas ridícu
lo-dijo ella enfadándose mas.
-¿Lo sientes?-dijo él mientras rozaba con sus dedos la espalda de la chica
-¡Saca tu mano de ahí!-dijo nerviosa
-¿Me sientes?-Dijo al oído de la chica haciéndole notar su
respiración en su cuello
-¡Basta!-dijo desesperada
-Ahora ¿quien es el cobarde?-Sonreía el rubio
-¡Te odio!
-Me odias porque sabes que me quieres amar
-No... No, te odio porque no puedes ser tu quien llene mi vida, porque tu eres quien me perturba, me molestas, eres como algo que no puedo sacar, aunque estorba. Tú
no eres para mí. Alguien como tu no puede ser para nadie. Me desesperas!
-Te desespero... tu también lo haces. Tú me perturbas, me pones idiota. No pidas cosas ridículas... yo soy así. Tu lo sientes... mis besos son de verdad, te estremecen, te hacen Sentir viva, mujer.-decía mientras daba vueltas con aquella calma- Como te dije, me sentí imbecil… Tú tampoco eres para mí. Pero te deseo. Te sueño...te veo. No te he faltado jamás, siempre puntual, algo maniático, lose. Pero no pierdas tu tiempo tras aquel hombre ideal...aquí tienes el que quieres, el que es real. Déjame ser yo, nadie más que yo... no quieras cambiar a quien te enamoró.
-¿Porque me haces esto? Era un juego, tú no lo entendiste. Ambos lo sabíamos. Esto no puede ser! tu tienes tu mundo... yo el mío. Era un juego!-grito desesperada.

-Abre los ojos-dijo poniendo las palmas de sus manos sobre los ojos de la chica, para luego sacarlas. Y dirigir su mirada a los castaños ojos de ella.-¿Qué ves?
-A ti
-¿Que sientes?-dijo mientras llevaba la mano de ella a su pecho
-A ti
-Yo te veo, te siento. También veo y siento aquellos millones de errores cometidos. Pero algo bueno veo.. Te quiero. Déjame vivir esto que no soy tan malo, ni tan loco...pero si tuyo.
-No...
-Shht-Dijo el llevando su dedo índice a los labios de ella- No hables... SIENTE.
Dicho esto se fue alejando hacia el castillo dejándola sola con algunas lagrimas que comenzaban a
brotar...

martes, 10 de agosto de 2010

TURN AROUND
Every now and then I get a little bit lonely and you never come around.
TURN AROUND
Every now and then I get a little bit tired of listening to the sound of my tears
TURN AROUND
Every now and then I get a little bit nervous that the best of all the years have gone by.
TURN AROUND
Every now and then I get a little bit terrified and then I see the look in your eyes.
TURN AROUND, BRIGHT EYES
Every now and then I fall apart
TURN AROUND, BRIGHT EYES
Every now and then I fall apart
TURN AROUND
Every now and then I get a little bit restless and I dream of something wild
TURN AROUND
Every now and then I get a little bit helpless and I´m lying like a child in your arms.
TURN AROUND
Every now and then I get a little bit angry and I know I´ve got to get out and cry.
TURN AROUND
Every now and then I get a little bit terrified but then I see the look in your eyes.
TURN AROUND, BRIGHT EYES
Every now and then I fall apart.
TURN AROUND, BRIGHT EYES
Every now and then I fall apart.
And I need you now tonight and I need you more than ever and if you only hold me tight we´ll be holding on forever. And we´ll only be making it right ´cause we´ll never be wrong together we can take it to the end of the line Your love is like a shadow on me all of the time I don´t know what to do and I´m always in the dark We´re living in a powder keg and giving off sparks I really need you tonight, forever´s gonna start tonight forever´s gonna start tonight Once upon a time I was falling in love but now I´m only falling apart There´s nothing I can do, a total eclipse of the heart Once upon a time there was light in my life but now there´s only love in the dark. There´s nothing I can say, a total eclipse of the heart
TURN AROUND BRIGHT EYES
TURN AROUND BRIGHT EYES
TURN AROUND
Every now and then I know you´ll never be the boy you always wanted to be.
TURN AROUND
But every now and then I know you´ll always be the only boy that wanted me the way that I am
TURN AROUND
Every now and then I know there´s no one in the universe as magical and wondrous as you
TURN AROUND
Every now and then I know there´s nothing any better there´s nothing that I just wouldn´t do.
TURN AROUND BRIGHT EYES
Every now and then I fall apart
TURN AROUND BRIGHT EYES
Every now and then I fall apart
And I need you now tonight, forever´s gonna start tonight forever´s gonna start tonight
Once upon a time I was falling in love but now I´m only falling apart There´s nothing I can do, a total eclipse of the heart
A total eclipse of the heart, a total eclipse of the heart Turn around bright eyes Turn around bright eyes, turn around

domingo, 8 de agosto de 2010

I have a dream



Tengo un sueño.
Un sueño en el cual soy famosa, un sueño en el cual triunfo en mi vida, en el que todos me aplauden.
Tengo un sueño.Un sueño en el cual todos me recordaran en un futuro, en el que todos digan "Melanie Waisman, una gran artista, en todas las disiplinas". No es que me la crea, no es que tenga egocentrismo, y mucho menos los humos por arriba, al igual que las miradas de muchos; simplemente, tengo un sueño en el que hago lo que me gusta y lo que quiero, un sueño donde trabajo, y me gano el pan para mi futura familia dignamente.Tengo un sueño.
Un sueño que tiene que ver con el arte, no importa que rama, amo todo lo que tenga que ver con ello. Amo escribir, amo actuar, amo bailar y amo cantar. Si bien tengo que estudiar para llegar a ser una profesional, sobre todo en el canto; odio ver en la television, teatros, libros, revistas, diarios y hasta en la radio escuchar, gente que tiene fama por acostarse con alguien, por operarse el cuerpo del cual se dice que al morirnos tenemos que entregarlo de igual manera en la que nos hizo dios, odio ver y escuchar gente que no tiene talento, pero tiene un cuerpo infernal, de plastico, pero infernal, o ver gente que carece de talento, pero sabe hablar.
Y en mi sueño veo que me preguntan "Melanie, ¿Qué pensas de "X" persona? ¿Sabe defenderse, no?" A lo que me imagino respondiendo: "Si, sabe defenderse. ¿Pero no te parece que arriba de un escenario, o frente a una camara este alguien que tenga talento y sepa hablar con cortesia, y sea una persona?".
Y despues me caigo de la cama, y se que todo es un sueño.
¿Yo famosa? Si no tengo un cuerpo infernal.¿Yo escritora? Si nunca publican historias de gente desconocida.¿Yo bailarina? Si nunca hiciste ballet.
¿Yo actriz? Jamas vas a llegar tan lejos, lo que tenes no alcanza, no tenes esa capacidad, no importa si esta en tu sangre en tu escencia.
Y me imagino... Si algun dia sos famosa, vas hacer lo imposible para mejorar este mundo en el que vivis, no solo por tu descendencia, sino por todos, pero si hablas y en un reportaje decis "...¿Pero no te parece que arriba de un escenario, o frente a una camara este alguien que tenga talento y sepa hablar con cortesia, y sea una persona?" Si estas en la sima, vas a volver dos metros bajo tierra, como cuando empezaste.
Yo tengo un sueño.Un sueño del cual voy hacer lo imposible para lograrlo dignamente.

jueves, 5 de agosto de 2010

El..



Tu presencia siempre me ilumino el alma, con aquella sonrisa cálida y tierna que solo una persona como tú sabe entregar.
Con luz propia brillaste siempre, y te encargaste de que te acompañe a fulgurar, no fue nada simpatizante para mi entregarme a algo que yo ya negaba desde hacia mucho, y deberás comprender ello; porque no soy el que creíste que siempre fui, y se que tú no eras la que yo una vez vi.

Nada era lo mismo.

Cuántas noches acompañaste mi alma desolada, en silencio, tu silencio, mi silencio. Inexpresados, callados los dos.
Cuántas veces no dije lo que debía decir, y que hoy lamento no puedas escucharlas.
Cuántas cosa
s deje de hacer por aquel sentimiento vil que lleva en castigo el hombre, cuantas cosas… por mi simple orgullo.
¿Cómo decirte que te quiero y tú me entiendas desde donde ahora te encuentras?

Porque, no se si lo sabes… Pero eres todo cuanto amo.

Quisiera que me escucharas ahora, que todo ha quedado en silencio, y que no recordaras lo que quieres remembrar… por que no es que yo te dañe…. Nunca lo hice (miento) ni lo pensé hacer.Pero sabes bien, que nuestro destino tenía que terminar así. Donde tú no eres mía y yo, indiscutiblemente, ya no soy tuyo.
Nunca dije lo que dije la primera vez que te vi.

Nunca.

Pero se que es tarde para arrepentimientos, te dañe, lo admito, y me odio por eso.

No llores cielo.

sé que Nunca te pude soñar, aun más nunca te pude perder. Por que, claro, es una analogía concreta y obvia: Pues no se pierde lo que no se tiene.

Y nunca te tuve, y nunca me tuviste, y nunca nos tuvimos.

Es cierto eso de que he renunciado a ti, concluyentemente, como renuncia el sol a la luna, como renuncia el aire a la tierra. Como renuncian todos.
Como renuncie yo a mi destino, porque estaba seguro que no había más destino que Tu. Y aún así es posible que te ame, Esta bien
, es Verdad…

Te amo.

Y sabes que te amo, y por que te amo paso lo que no debió pasar aquella noche, donde nos encontramos en aquel pasillo, y me miraste- como nunca lo hiciste, ni nunca más lo volviste a hacer- y a paso lento te acercaste… y yo sentí que nada volvería a ser, y que todo podía suceder. Y escuchaste de mis labios aquellas palabras que no dañaron nunca, y que esa vez conservaban aquel cálido gesto que no debieron conservar.
Y afloró lo que no debía aflorar:

-Te odio- te dije, como no lo debía decir, y tú comprendiste aquello que yo- en su momento- no comprendí, por que es cierto que más que sonar a odio, aquellas palabras sonaron a amor.

Y es cierto: Te odio… te odio con tanto amor.

Luz.

Esa luz se acerca crecidamente más… y entiendo que ya no podré hacerte esperar, ni tu podrás retenerme más, porque se que cuando tu entiendas lo que no quieres entender, ya nada me detendrá en nuestro hogar, y deberé marchar, como no quiero marchar, y en mi camino te escuchare llorar, como no debes hacerlo. Y aun así no lloró, aunque deba llorar. Pero lo entiendo.
Como entiendo que llego la hora de mi adiós. Te entiendo como siempre lo hice, aunque tu no lo sepas, pero debes de saberlo… te entiendo, te comprendo… te anhelo.

Adiós.

Si lo dices, y comprendo por que lo dices, sin decir… sin sentir. Hablas sin hablar. Callas sin callar. No lo digas… no lo digas más porque en verdad me apartare… no lo digas por favor.

No lo digas.

Porque entenderé que en verdad lo harás, y comprenderás el significado de esa Estúpida palabra… y creerás es Mierda de filosofía, Y todo lo que encierra la imagen auditiva… Todo lo que envuelve un adiós.

Adiós.

domingo, 1 de agosto de 2010

Ella

Gotas negras comenzaron a caer sobre el cristal empañándolo y creando un charco nada ameno a la situación. No podía creer que me estabas dejando, que tal vez no habías encontrado un sentido completo a nuestra situación y en un cruce inexacto del destino, impredecible, huiste de mí… como alguna vez lo hice yo de ti. Y ahora te miró con aquella tez serena, que solo tu sabes mantener en los momentos más tormentosos, con esa sonrisa que no expresa nada, pero que aun así se emite dibujada en ti, ahora, que mis lágrimas caen más fuertes sobre ese vidrio me pregunto ¿Qué hice mal?

Si yo te amo.

Me gustaría que me susurraras esas palabras indescifrables que nunca pudiste decirme, pero que aun así, las escuchaba atenta salir de tus labios. Me gustaría abrazarte, como nunca lo hice, y entender que aun a sabiendas que no lo haría, tú seguirás aquí.
Per
o no puedo, abrazarte, ni besarte- como nunca lo hice- y mi mente se empeña a divagar recuerdos que no quiero remembrar, y mi alma vuelve a llorar cosas que ya no quiero llorar, y tú sigues ahí con esa sonrisa tan digna de ti, y esa altivez que aun, estando como estas, se conserva en ti, como un sello personal… como algo que solo tu sabrás demostrar.
Y mi mente se pregunta ¿Qué fue lo que falló? Que fue lo que pasó, para que pase eso que nunca tuvo que pasar.
Nos conocimos…nos encontramos y redescubrimos una noche de invierno, de esas que solo el mes de Julio (por su encanto natural) sabe envolver, frente a aquellos copos de nieve, tan blancos, tan secretos, tan íntimos como nosotros.
Tu cabello cae desordenado sobre ese perfecto rostro tuyo, y yo lloro más.

¿No me sonreirás, como nunca lo hiciste, ya? ¿No dejarás que la brisa acomode tu cabello esta vez? (ja ¿como podrías hacerlo ahora?)


Ríe.


Ríe por favor ríe.

Pero se que en ti ya no se dibuja más aquella desdeñosa sonrisa, que solo tú sabías regalarme a mi.

Y a mi mente afloran recuerdos, que no quiero aflorar, como la primera vez que me viste, y sonreíste con esa expresión tan seductora, tan suges
tiva, tan atrayente, tan agradable, tan adorable… tan Perfecta.
Y más lágrimas caen por mi rostro, porque entiendo que nunca más podré verte sonreír.


Y comprendo que has renunciado a mí.


Definitivamente.


Como renuncia a ser flor, lo que es hierba. Como renuncia cualquier hombre a volver a ser niño, como renuncie yo a mi destino aun sabiendo que tú no lo eras.
Y entiendo que fu
e pura fantasía nuestro amor, y es irónico ello por que yo no creo en cuentos de hadas.
Sin embargo (ahora) d
ebo admitir que siempre albergue aquella esperanza, porque como muchas en este mundo yo soñaba con aquel príncipe que nuestras madres están empeñadas en hacernos creer mediante cuentos triviales, que nos envuelven nos atrapan hasta el punto de mezclarse en nuestros sueños, robándonos un suspiro. Y yo (como muchas) había soñado, que en algún momento determinado de mi vida, llegaría aquel príncipe azul, que me enseñaría a crear un cuento donde yo fuera la princesa:

Y entonces te conocí.


Pasa el tiempo.

Y en el tiempo lloró, como no debo de llorar, y mis piernas flaquean en tu ausencia (Y lloro más) por que se que cada minuto te alejas más y más.


Ya no estas. ¿Dónde estás?


Entonces escuchó aquellas pisadas que me hace reaccionar, y vuelvo hacia tu rostro y retomo lo que no quise entender. Es verdad:


Te has ido.

Y más lágrimas caen por mi rostro, puesto que comprendo que no cumpliré mi promesa – Aquella que no debí prometer- ya que es injusto que me pidieras no llorar, cuando se que no me abrazaras como no lo hiciste, ni me besaras con esos labios que
no me besaron, ni me volverás a mirar con esos ojos que tanto deseo.
Es injusto que te hayas ido, así sin más, sin entender que Te Amo, y te amaré, como nunca lo hice con alguien (Y se que no lo haré) porque aun cuando me has pedido que me vuelva a enamorar, no lo cumpliré ¿Acaso no entiendes que solo te amo a ti?


No, no lo entenderás.

Y te abraza gloriosa sobre tus hombros, y yo lloro más, mi alma se desgarra de dolor y caigo de rodillas sobre la loseta… rogando, rezando – por primera vez con fe- por que vuelvas… por despertar… por no vivir ya. Por reunirme contigo, por ir junto a ti. Pero mis palabras no llegan a donde quiera que sea que tengan que llegar, y tú te vas alejando más y más, y yo no quiero susurrar eso que indiscutiblemente susurrare, y no quiero pensarlo, ni lo creeré.

Pero lo digo.


Y con ese digo menciono lo que no debo mencionar:


Porque se que todo terminara ya, aunque es ilógico que termine algo que nunca comenzó. Pero me duele, y lo sabes –
donde quiera que estés- sabes que duele, punza… lastima. Y mis labios se entre abren lentamente… obligados a susurrar algo que en verdad no sienten, pero que el cerebro manda a hablar. La ciencia siempre queriendo dominar el alma.
Y entiendelo, no es lo que encierre ni lo que se lleve esa palabra, es mi mente… mi aliento, mi ánimo, mi esencia, mi alma, mi espíritu… mi ser, el que no lo dice. Aunque lo deba de decir.


Entiendelo.


Y digo adiós… ADIOS… mientras mi rostro se acurruca sobre el piso, y mis manos estrujan esa última carta tuya… que
aun conserva aquel aroma que nunca mas volveré a disfrutar… que contuvo el último esfuerzo… el último aliento.
La estrujo más y más, Y tú te vas. Y no quiero ya llorar, aunque lo siga haciendo, Aunque sigas doliendo.
E irrefutablemente tengo que decirlo, tengo que sentirlo… aunque no lo sentiré.

Adiós amor… Adiós.


Vestido de blanco d
ivagó, mientras una fuerza cálida recorrió su rostro, mientras una lagrima furtiva descendió en su ser, mientras su corazón se estrujo… Lo había dicho, lo había mencionado… Ella...

Ella, lo había abandonado.

jueves, 29 de julio de 2010

-Déjame verte-murmuró arrodillándose en el piso a muy poca distancia de ella.

-¡Déjame en paz! Solo vete-gruñó ella golpeando la mano de David, que en ese momento se levantaba lentamente hacia su rostro. No quería tener contacto físico con él.

-No te hagas la chica dura, déjame verte.

Giselle gruñó antes de cruzar sus brazos y desviar su mirada. David estaba peligrosamente cerca de ella y faltaba poco para que sus narices se rozaran. Acarició con sus dedos la herida, deslizando las yemas de los mismos por entre sus labios, delineándolos con cuidado. Sin embargo cuando la acarició, sin darse cuenta, tocó la lastimadura, hiriéndola y haciéndole sobresaltar.

-¿Te duele?-preguntó en un murmullo apagado.

Sus miradas se entrelazaron una vez más, y Giselle sintió como sus ojos socavaban en lo profundo de su corazón. Realmente lo amaba. No entendía cómo podía querer a un maldito cretino ególatra, pero lo hacía.

-Sí.

-Déjame que yo te cure-murmuró antes de tomarle del mentón y chocar suavemente sus labios a los de ella. Y aunque odiara amarlo, realmente no importaba. Al menos, no si su boca seguía apoyada con tal delicadeza sobre la suya.
Los labios de David no se movían demasiado, era tan solo un beso inocente. Sin embargo, Giselle no pudo dejar de sentir esa descarga eléctrica recorriendo su cuerpo y deslizándose a través de sus venas. Él seguía tan impregnado en su corazón a pesar de haber pasado tres días sin verlo.

-¿Te sigue doliendo?-preguntó con una sonrisa. Pero Giselle descubrió que no era una arrogante o despectiva, sino que era tierna y a la vez pícara. Una de esas sonrisas que a ambos los hacía cómplices frente al resto del mundo. Sin embargo no pudo soportar el dolor que sentía en su corazón, como si aún roto, los restos que quedaban de él siguieran doliendo y partiéndose aún más.

-Me duele aquí-murmuró ella, señalándose el corazón con la tristeza impregnada en la voz.

Sin embargo, David palideció. Ella supo interiormente que había arruinado todo, y que quizás, solo estaba ilusionándose. El rostro de él estaba desfigurado cuando alcanzó su mano y la tomó entre las suyas.

-Giselle…-exclamó en voz baja, como si quisiera explicarle algo. Pero le interrumpió, sin poder saber si podría soportar sus palabras.

-Basta David, basta. Mi corazón no podrá soportarlo-murmuró en un susurro casi inaudible. Sus ojos tenían una mirada cristalina que reflejaba claramente el dolor que él le estaba provocando. Y se detestó a sí mismo. Quería por sobre todas las cosas hacerla feliz, o eso pretendía, cuando en realidad lo que había estado haciendo era alejarse por miedo. Tenía miedo a terminar más lastimado que antes. Siempre le habían enseñado eso, siempre le habían mostrado que los sentimientos producían debilidad. No en vano su padre solía susurrar que el amor concede a los otros el poder para destruirte. Y él jamás lo había negado, es más, lo había incorporado.Sin embargo su corazón y sus pensamientos, su vida entera ya le pertenecían a ella. ¿Qué más importaba? No estaba seguro de que pudiera enamorarse aún más de ella, ¿O sí? No lo creía, o al menos, lo dudaba seriamente. ¿Qué podía haber que fuese peor que pensar en ella todo el tiempo, o sencillamente querer pasar a su lado todo el tiempo del mundo? Tomó aire y levantó el mentón, haciendo que le mirara a los ojos una vez más.

-Déjame curarte Giselle, déjame hacerlo. He cometido demasiados errores y soy consciente de ello, pero me has hecho cambiar. Me siento una mejor persona cuando pienso en ti y no puedo borrarte de mi mente ni aunque me borren la memoria. Te amo.-murmuró, sintiendo como se quitaba un peso de encima-. Lo he hecho desde hace mucho y lo sabes mejor que yo. Pero el amor muchas veces no basta. Te amo con mi vida. No hay un día que pueda seguir viviendo sin ti, pero tengo miedo al futuro. Tengo miedo de que puedas dejar de quererme, o de que no sepa llevar bien nuestra relación. Es decir, soy arrogante, orgulloso, posesivo y celoso. Eso no concuerda con un modelo de novio, ¿verdad? Además nuestro alrededor siempre nos condenará. Siempre seremos prejuzgados por nuestros apellidos, por lo que creen que somos.-Te amo Giselle-prosiguió-y no quiero hacerte más daño. Yo… entenderé si hay cosas que te superan. Hay veces que el amor no basta para ser feliz, y hay veces que sencillamente no vale la pena sacrificar tanto.
Ella sencillamente comenzó a llorar, haciendo que él se pusiera nervioso y la abrazara.

-No llores, por favor. ¿He dicho algo malo? Perdóname, Gi, perdóname.

-No es eso. Es que reprimí muchas lágrimas y estuve esperando tanto tiempo este momento, que muchas veces pensé que nunca llegaría-murmuró abrazándose más al cuerpo de él. –Yo también te amo David, y creo que podremos si lo intentamos. O al menos, yo ya no puedo volver hacia atrás. Ya no sé si podré dejar de amarte algún día.

-Yo tampoco-murmuró acercándose a su boca y besándola con pasión.

Ambos lo deseaban y se necesitaban mutuamente. Tres días, quizás no era mucho, pero había sido el infierno personal de los dos, y sin la presencia del otro, la habían pasado terriblemente mal.



Lo que hace el amor, esto lo escribi estando con vos y ahora se que todo es ese polvo de hadas que me contaron de chica, el cual lamentablemente no existe... Nunca voy a entender porque le cuentan eso a los nenes, ilusiones falsan, eso es lo que crean.

miércoles, 28 de julio de 2010

El hecho irrefutable de estar encadenada a una cama en un lugar casi idéntico al cual había jugado su venganza le producía pánico. Después de todo, ¿Cuántas posibilidades había de despertar de esa manera por error? No muchas, de eso ella estaba segura.
Maldijo su mala suerte y su estúpido intento de vengarse. Y maldijo también el hecho de que todo hubiese comenzado porque sus palabras, aunque le costara admitirlo, le habían dolido. Y en ese momento había querido cobrárselas golpeando donde más le causaría daño: en su orgullo altanero y frío.
Pero las cosas habían salido indefectiblemente mal, y verlo a él con unas llaves en la puerta de aquella habitación, con una sonrisa socarrona en la cara le hacía confirmar que no parecían querer mejorar.

-Veo que los gatos caen muy pronto en las trampas. Siempre pensé que eran animales un tanto estúpidos. Pero tu peor error fue intentar hacerme frente, ¿O no es así?

-Disculpa mi atrevimiento, pero hasta donde yo tenía entendido los hurones son vegetarianos. ¿Qué haces colocando trampas para gatos?-murmuró ella con una sonrisa arrogante.

Santiago acortó los pasos de distancia que había entre ellos y su sonrisa se amplió aún más. Y ella sabía que una mueca así no podría traer nada bueno consigo.

-¿Has oído hablar de la cruza de animales?-murmuró levantando una ceja-Quizás el huroncito encontró un gato que puede hacerse pasar por una hurón.

-¿Eso implica que soy de tu misma calaña?

Santiago meditó unos segundos lo que ella había preguntado. Teniendo en cuenta lo que había dicho metafóricamente podría entenderse así. ¿Qué era ella para él?
Solo una obsesión. "Solo forma parte de una obsesión creada por mi mala suerte." Pensó con un deje de amargura.

-No sueñes Mariana, porque podrías caer muy rápido de tu nubecilla de ilusiones.

Maru se sintió insultada y ofendida, pero no lo demostró. Ni muerta lo demostraría.

-Entonces deberías dejarme ir. Ve y acuéstate con cualquiera de esas estúpidas con las que te acuestas.

-¿Celosa pequeña?

-Ni en tus mejores sueños.

Santiago carcajeó con una sensación de alegría en el pecho. Sentía que por fin iba a terminar con aquella enfermiza obsesión. Porque era muy similar a eso: una enfermedad. Un padecimiento constante de buscarla con la mirada tan solo para llenar sus pupilas y poder soñar con ella. Una punzada en el pecho que recorría todo su estómago cuando la veía caminar, sin poder alejar la vista de ella. Una fiebre que le hacía calentar su cuerpo cuando ella estaba cerca, cuando tan solo sus ojos gatunos se posaban en él cargados de lujuria.
Era el deseo y la atracción de la química prohibida. Y combinadas con la curiosidad podían causar un muy mal efecto, que le había llevado a eso. A encadenarla. Porque no era una cuestión de venganza. Ya no pensaba en vengarse de ella poseyéndola y dándole la mejor noche de su puta vida para que él siguiera en sus pensamientos a donde quiera que fuese.
Ahora lo hacía por mero gusto, y aunque le hubiese costado mucho admitirlo, la perspectiva de acostarse con ella, de curar su enfermedad le importaba mucho más que una estúpida venganza.
Porque sentía que podría liberarse de ella y no volver a verla más. Se había repetido mil veces en su cabeza que con una sola noche bastaría. Una noche y luego ya no importaría ella. Ya no pensaría en su cuerpo, ya no tendría ganas de sentirla cerca, de rozar su piel con una estrechez sofocante, de escucharla gemir.
Solo una maldita noche y todo volvería a ser como antes.
Ella lo observaba con un terror casi palpable, con esa absurda serenidad que delata una mentira en los ojos. Sabía que estar a merced de cualquier movimiento de Santiago Cirtik no era tranquilizante. Y menos que menos alentador.

-¿Tienes miedo de lo que te pueda llegar a hacer?

-Deberías tenerlo tú, porque si me llegas a tocar te juro que yo…

Y las palabras se perdieron cuando una brusca caricia resbaló entre el encaje del corpiño, rozando su piel con cierto descaro.
Santiago acarició con la yema de sus dedos por entre la tela de la prenda, formando círculos suaves que delineaban sus senos. Maru intentó sofocar el placer aplastante de sentir las manos heladas de él acariciar su pecho con fragilidad.

-¿Que tú que? ¿Qué harás Mariana?-murmuró levantando una ceja con sugestión.

Maru no fue capaz de responder porque en esos momentos apretaba con fuerza sus labios rojos para evitar gemir. Sus manos rodeaban sus senos con grácil destreza, como si estuviera esculpiendo su figura con una perfección pro
fesional.

-Yo no creo que puedas hacer mucho…más que gemir-dijo hundiendo sus dedos en la piel lisa de ella, apretando suavemente su pecho.

Santiago no pudo evitar sentir como la desesperación apresaba su cuerpo al tocarla. Necesitaba hacerla suya, escucharla gemir hasta la saciedad cuanto antes. Y sin embargo no quería apurarse, quería verla pelear contra sí misma, ver como el deseo y la lujuria se apoderaban de su cuerpo y ganaban una batalla perdida contra el orgullo y la necedad. Así que prefirió acariciarla con menos ahínco, y terminar de exponer su teoría: ella no saldría de ahí hasta que él no hubiese obtenido lo que quería.

-Como verás- a Maru aquella voz aún más ronca y gutural que de costumbre le dio escalofríos-Tu amiga ha rechazado la invitación de Pablo, con lo cual nuestro trato quedaría técnicamente anulado. Pero Santiago Cirtik no se queda sin el premio mayor, ¿sabes? Yo siempre consigo lo que quiero. Puede ser antes o después, pero siempre es así.

-Pues vete acostumbrando a tu primera negativa.

Santiago carcajeó con fuerza. Maru nunca lo había visto sonreír de aquella forma. Nunca había visto en sus ojos más que un témpano de hielo imposible de quebrar.

-Creo que no estás entendiendo la situación en la que estás. Te lo explicaré de una forma en que tu complejo de inferioridad mental pueda comprenderlo. Tú estás encadenada a una cama sin defenza, y sobre todo sin ropa. Y yo estoy libre y muy dispuesto a quedar satisfecho esta noche. ¿Necesitas más pistas?

-Oh, ¿Acaso piensas violarme?

Santiago sintió una punzada de placer ante su voz desafiante. No le tenía miedo, ella no temía por lo que él pudiera hacerle. Y eso le llenaba el pecho de orgullo, de una manera un tanto morbosa, eso no podía negarlo. Pero él tenía otros planes en mente.

-No , no te violaré-murmuró buscando bajo la espalda de ella el ganchito del corpiño y desabrochándolo-Porque cuando la acción es consentida por ambos, deja de ser violación.

Y unos segundos más tarde su boca presionó la piel suave de sus senos que antes había tocado. La presión que la razón de Mariana ejercía en su cuerpo dejó de existir en aquel momento tan excitante. Santiago succionaba con cuidado, lamía cada trozo de piel con desesperación y jugaba, utilizando sus manos para tocar sus piernas y su vientre suave y plano.
Maru gimió ante la situación, sintiendo como sucumbía poco a poco a los brazos de Santiago, porque supo, porque sintió en su propio cuerpo, como los labios de él se curvaban en una sonrisa triunfal.
Intentó mover sus manos, romper las cadenas haciendo fuerza. Necesitaba, ahora que le quedaba un miligramo de cordura, alejar la boca de él de su piel, porque no quería sentir la necesidad física de tenerlo dentro suyo, besándola y acariciándola como lo había hecho anteriormente.

-Bas…bas...ta. Por favor-murmuró anhelante. Sabía muy bien que una parte (muy grande) de ella deseaba que él le negara la posibilidad de irse, de escaparse de sus brazos. Pero sabía que terminaría sintiéndose terriblemente mal y se maldeciría por ser tan impulsiva. Mientras que él solo volvería a hacer su vida, olvidándose de ella como si nada.
La mirada de Santiago se congeló nuevamente ante su súplica y por un instante ella temió que fuese capaz de dejarla ir. Pero con un movimiento rápido se posó sobre ella y la besó con violencia, acariciando su cuerpo con mayor fiereza que antes. Mariana sintió el placer arremolinarse de golpe en su estómago y deslizarse por cada poro de su piel. Y el goce se hacía cada vez más urgente, más necesario. Sabía que Santiago no iba a detenerse y ¡Por Merlín! Ella tampoco quería que se detuviera. Sentir como besaba su cuello y deslizaba su lengua sobre él, apretando con su boca el lóbulo de la oreja, quitándose a la par la túnica y el calzado. Mariana volvió a gemir más largamente que antes, sintiendo como su respiración se agitaba más y más y sus pulmones se agrietaban sin culpa. Las manos de él se deslizaban suavemente sobre ella, lisonjeando su cuerpo de a poco, como si intentara disfrutarlo.
Hasta que las manos de Mariana cayeron con un fuerte impulso, lastimándola. Había olvidado que unas cadenas sostenían sus muñecas a la cama, doblegada por el placer y ciega por querer más. Pero ahora las manos acalambradas dolían y sus músculos adormecidos le molestaban. Pero por sobre todo, lo que más le dolió fue que el cuerpo de Santiago se hubiese escurrido rápidamente a un costado de la cama y la estuviese mirando como si nada hubiese ocurrido. Como si todo aquello fuese una charla que había terminado.

-Ya puedes irte.

-¿Qué?-preguntó ella mirándolo, incorporándose a penas. Se fregaba sus muñecas para hacer circular la sangre y su respiración era agitada. Y cuando lo observó mejor se dio cuenta. Cirtik quería que ella le demostrase que también lo deseaba. Y le estaba dando la oportunidad de escapar, a sabiendas de que quería más y estaba deseosa de sentir sus besos. Pero ella no era estúpida y no iba a caer en su juego. No iba a admitir que Santiago Cirtik se había instalado en sus sueños y la torturaba con rondas de sexo que le hacían despertar húmeda y sonriente. No iba a aceptar que a pesar de las batallas ganadas, él había ganado la guerra. Porque todavía le quedaba algo de dignidad, o al menos lo suficiente como para salir de allí intacta.

-De acuerdo-murmuró, alejando su mirada de los ojos grises de él.

-¿¡Que!?

-Me voy.

Los ojos de Santiago se desencajaban de su lugar y la mandíbula se abría y cerraba. Las imágenes que él había imaginado en su mente eran muy distintas: él pensaba que ella se quedaría mirándolo desconcertada, mordiéndose el labio inferior de nerviosismo y enredando sus manos a su cuello, mientras volvía a besarle con ferocidad, incitándolo a acostarse sobre ella. Pero es que él en ningún momento había contemplado la posibilidad de que el orgullo de Mariana Espez pudiera ganarle al deseo contenido e irresistible que ella poseía en su cuerpo. Sin poder creer que el que estuviera juntando lo que quedaba de su ropa y caminando a la salida le producía un vacío tan abrumador, no pudo evitar dejar de pensar cuando levantó su mano y gritó:

-¡No!

Ella se dio vuelta mirándolo una vez más, con una sonrisa socarrona en el rostro, arqueando sus cejas.

-¿Piensas rogar por un poco de sexo? Vamos, hazlo.

Santiago se quedó estático en el lugar, mirando sus ojos con sumo cuidado. ¿Y que hacía ahora? Ella sabía que era su debilidad, y haber tenido la oportunidad y desperdiciado de una manera tan estrepitosa e idiota le hacía sentir pésimo. Pero rogar no estaba en su diccionario y eso sería lo último que haría. Menos que menos por sexo.

-Está bien, vete-murmuró con un deje de amargura, sintiendo su boca pastosa. Se había dado cuenta que su voz temblaba por la rabia contenida. Pero no hacia ella, sino hacia él mismo.

Mariana dio media vuelta y cerró la puerta tras de sí. Se quedó mirando el pasillo oscuro y vacío, seguramente producto del horario nocturno que sería. Todavía en su mente rondaba la misma pregunta, sabiendo que todavía podía arrepentirse. ¿Por qué razón se marchaba si ella quería que él la sedujera y la arrastrara hasta conocer lo más bajo del infierno y lo más alto del paraíso? Sabía que ella lo deseaba, lo hacía casi tanto o más que él. Entonces, ¿Por qué razón huía de allí, si sabía que su mayor temor –que su hermano o alguien más se enterara- no se haría realidad? "Por cobarde" pensó con miedo a que esa respuesta fuese la verdad. "No soy lo suficientemente valiente para enfrentar lo que siento por él." Pero es que tampoco lo sabía con precisión, solo sentía el vaivén de su pecho, que intentaba suavizar un poco su respiración. La sola idea de volver a sentir sus labios rozando su piel le producía una sensación placentera en el cuerpo. ¿A quien quería engañar? Deseaba a Santiago Cirtik con todo su ser y estaba teniendo la oportunidad de su vida.
"Y por cobardía lo voy a perder" pensó con una mueca disgustada. "De acuerdo, más tarde pensaré que siento por él".
Y se volteó, enfrentando la puerta de roble. Apretó el pomo de la puerta, lo giró y decidió entrar a aquel cuarto, donde por fin había alguien que la estaba esperando…