jueves, 29 de julio de 2010

-Déjame verte-murmuró arrodillándose en el piso a muy poca distancia de ella.

-¡Déjame en paz! Solo vete-gruñó ella golpeando la mano de David, que en ese momento se levantaba lentamente hacia su rostro. No quería tener contacto físico con él.

-No te hagas la chica dura, déjame verte.

Giselle gruñó antes de cruzar sus brazos y desviar su mirada. David estaba peligrosamente cerca de ella y faltaba poco para que sus narices se rozaran. Acarició con sus dedos la herida, deslizando las yemas de los mismos por entre sus labios, delineándolos con cuidado. Sin embargo cuando la acarició, sin darse cuenta, tocó la lastimadura, hiriéndola y haciéndole sobresaltar.

-¿Te duele?-preguntó en un murmullo apagado.

Sus miradas se entrelazaron una vez más, y Giselle sintió como sus ojos socavaban en lo profundo de su corazón. Realmente lo amaba. No entendía cómo podía querer a un maldito cretino ególatra, pero lo hacía.

-Sí.

-Déjame que yo te cure-murmuró antes de tomarle del mentón y chocar suavemente sus labios a los de ella. Y aunque odiara amarlo, realmente no importaba. Al menos, no si su boca seguía apoyada con tal delicadeza sobre la suya.
Los labios de David no se movían demasiado, era tan solo un beso inocente. Sin embargo, Giselle no pudo dejar de sentir esa descarga eléctrica recorriendo su cuerpo y deslizándose a través de sus venas. Él seguía tan impregnado en su corazón a pesar de haber pasado tres días sin verlo.

-¿Te sigue doliendo?-preguntó con una sonrisa. Pero Giselle descubrió que no era una arrogante o despectiva, sino que era tierna y a la vez pícara. Una de esas sonrisas que a ambos los hacía cómplices frente al resto del mundo. Sin embargo no pudo soportar el dolor que sentía en su corazón, como si aún roto, los restos que quedaban de él siguieran doliendo y partiéndose aún más.

-Me duele aquí-murmuró ella, señalándose el corazón con la tristeza impregnada en la voz.

Sin embargo, David palideció. Ella supo interiormente que había arruinado todo, y que quizás, solo estaba ilusionándose. El rostro de él estaba desfigurado cuando alcanzó su mano y la tomó entre las suyas.

-Giselle…-exclamó en voz baja, como si quisiera explicarle algo. Pero le interrumpió, sin poder saber si podría soportar sus palabras.

-Basta David, basta. Mi corazón no podrá soportarlo-murmuró en un susurro casi inaudible. Sus ojos tenían una mirada cristalina que reflejaba claramente el dolor que él le estaba provocando. Y se detestó a sí mismo. Quería por sobre todas las cosas hacerla feliz, o eso pretendía, cuando en realidad lo que había estado haciendo era alejarse por miedo. Tenía miedo a terminar más lastimado que antes. Siempre le habían enseñado eso, siempre le habían mostrado que los sentimientos producían debilidad. No en vano su padre solía susurrar que el amor concede a los otros el poder para destruirte. Y él jamás lo había negado, es más, lo había incorporado.Sin embargo su corazón y sus pensamientos, su vida entera ya le pertenecían a ella. ¿Qué más importaba? No estaba seguro de que pudiera enamorarse aún más de ella, ¿O sí? No lo creía, o al menos, lo dudaba seriamente. ¿Qué podía haber que fuese peor que pensar en ella todo el tiempo, o sencillamente querer pasar a su lado todo el tiempo del mundo? Tomó aire y levantó el mentón, haciendo que le mirara a los ojos una vez más.

-Déjame curarte Giselle, déjame hacerlo. He cometido demasiados errores y soy consciente de ello, pero me has hecho cambiar. Me siento una mejor persona cuando pienso en ti y no puedo borrarte de mi mente ni aunque me borren la memoria. Te amo.-murmuró, sintiendo como se quitaba un peso de encima-. Lo he hecho desde hace mucho y lo sabes mejor que yo. Pero el amor muchas veces no basta. Te amo con mi vida. No hay un día que pueda seguir viviendo sin ti, pero tengo miedo al futuro. Tengo miedo de que puedas dejar de quererme, o de que no sepa llevar bien nuestra relación. Es decir, soy arrogante, orgulloso, posesivo y celoso. Eso no concuerda con un modelo de novio, ¿verdad? Además nuestro alrededor siempre nos condenará. Siempre seremos prejuzgados por nuestros apellidos, por lo que creen que somos.-Te amo Giselle-prosiguió-y no quiero hacerte más daño. Yo… entenderé si hay cosas que te superan. Hay veces que el amor no basta para ser feliz, y hay veces que sencillamente no vale la pena sacrificar tanto.
Ella sencillamente comenzó a llorar, haciendo que él se pusiera nervioso y la abrazara.

-No llores, por favor. ¿He dicho algo malo? Perdóname, Gi, perdóname.

-No es eso. Es que reprimí muchas lágrimas y estuve esperando tanto tiempo este momento, que muchas veces pensé que nunca llegaría-murmuró abrazándose más al cuerpo de él. –Yo también te amo David, y creo que podremos si lo intentamos. O al menos, yo ya no puedo volver hacia atrás. Ya no sé si podré dejar de amarte algún día.

-Yo tampoco-murmuró acercándose a su boca y besándola con pasión.

Ambos lo deseaban y se necesitaban mutuamente. Tres días, quizás no era mucho, pero había sido el infierno personal de los dos, y sin la presencia del otro, la habían pasado terriblemente mal.



Lo que hace el amor, esto lo escribi estando con vos y ahora se que todo es ese polvo de hadas que me contaron de chica, el cual lamentablemente no existe... Nunca voy a entender porque le cuentan eso a los nenes, ilusiones falsan, eso es lo que crean.

miércoles, 28 de julio de 2010

El hecho irrefutable de estar encadenada a una cama en un lugar casi idéntico al cual había jugado su venganza le producía pánico. Después de todo, ¿Cuántas posibilidades había de despertar de esa manera por error? No muchas, de eso ella estaba segura.
Maldijo su mala suerte y su estúpido intento de vengarse. Y maldijo también el hecho de que todo hubiese comenzado porque sus palabras, aunque le costara admitirlo, le habían dolido. Y en ese momento había querido cobrárselas golpeando donde más le causaría daño: en su orgullo altanero y frío.
Pero las cosas habían salido indefectiblemente mal, y verlo a él con unas llaves en la puerta de aquella habitación, con una sonrisa socarrona en la cara le hacía confirmar que no parecían querer mejorar.

-Veo que los gatos caen muy pronto en las trampas. Siempre pensé que eran animales un tanto estúpidos. Pero tu peor error fue intentar hacerme frente, ¿O no es así?

-Disculpa mi atrevimiento, pero hasta donde yo tenía entendido los hurones son vegetarianos. ¿Qué haces colocando trampas para gatos?-murmuró ella con una sonrisa arrogante.

Santiago acortó los pasos de distancia que había entre ellos y su sonrisa se amplió aún más. Y ella sabía que una mueca así no podría traer nada bueno consigo.

-¿Has oído hablar de la cruza de animales?-murmuró levantando una ceja-Quizás el huroncito encontró un gato que puede hacerse pasar por una hurón.

-¿Eso implica que soy de tu misma calaña?

Santiago meditó unos segundos lo que ella había preguntado. Teniendo en cuenta lo que había dicho metafóricamente podría entenderse así. ¿Qué era ella para él?
Solo una obsesión. "Solo forma parte de una obsesión creada por mi mala suerte." Pensó con un deje de amargura.

-No sueñes Mariana, porque podrías caer muy rápido de tu nubecilla de ilusiones.

Maru se sintió insultada y ofendida, pero no lo demostró. Ni muerta lo demostraría.

-Entonces deberías dejarme ir. Ve y acuéstate con cualquiera de esas estúpidas con las que te acuestas.

-¿Celosa pequeña?

-Ni en tus mejores sueños.

Santiago carcajeó con una sensación de alegría en el pecho. Sentía que por fin iba a terminar con aquella enfermiza obsesión. Porque era muy similar a eso: una enfermedad. Un padecimiento constante de buscarla con la mirada tan solo para llenar sus pupilas y poder soñar con ella. Una punzada en el pecho que recorría todo su estómago cuando la veía caminar, sin poder alejar la vista de ella. Una fiebre que le hacía calentar su cuerpo cuando ella estaba cerca, cuando tan solo sus ojos gatunos se posaban en él cargados de lujuria.
Era el deseo y la atracción de la química prohibida. Y combinadas con la curiosidad podían causar un muy mal efecto, que le había llevado a eso. A encadenarla. Porque no era una cuestión de venganza. Ya no pensaba en vengarse de ella poseyéndola y dándole la mejor noche de su puta vida para que él siguiera en sus pensamientos a donde quiera que fuese.
Ahora lo hacía por mero gusto, y aunque le hubiese costado mucho admitirlo, la perspectiva de acostarse con ella, de curar su enfermedad le importaba mucho más que una estúpida venganza.
Porque sentía que podría liberarse de ella y no volver a verla más. Se había repetido mil veces en su cabeza que con una sola noche bastaría. Una noche y luego ya no importaría ella. Ya no pensaría en su cuerpo, ya no tendría ganas de sentirla cerca, de rozar su piel con una estrechez sofocante, de escucharla gemir.
Solo una maldita noche y todo volvería a ser como antes.
Ella lo observaba con un terror casi palpable, con esa absurda serenidad que delata una mentira en los ojos. Sabía que estar a merced de cualquier movimiento de Santiago Cirtik no era tranquilizante. Y menos que menos alentador.

-¿Tienes miedo de lo que te pueda llegar a hacer?

-Deberías tenerlo tú, porque si me llegas a tocar te juro que yo…

Y las palabras se perdieron cuando una brusca caricia resbaló entre el encaje del corpiño, rozando su piel con cierto descaro.
Santiago acarició con la yema de sus dedos por entre la tela de la prenda, formando círculos suaves que delineaban sus senos. Maru intentó sofocar el placer aplastante de sentir las manos heladas de él acariciar su pecho con fragilidad.

-¿Que tú que? ¿Qué harás Mariana?-murmuró levantando una ceja con sugestión.

Maru no fue capaz de responder porque en esos momentos apretaba con fuerza sus labios rojos para evitar gemir. Sus manos rodeaban sus senos con grácil destreza, como si estuviera esculpiendo su figura con una perfección pro
fesional.

-Yo no creo que puedas hacer mucho…más que gemir-dijo hundiendo sus dedos en la piel lisa de ella, apretando suavemente su pecho.

Santiago no pudo evitar sentir como la desesperación apresaba su cuerpo al tocarla. Necesitaba hacerla suya, escucharla gemir hasta la saciedad cuanto antes. Y sin embargo no quería apurarse, quería verla pelear contra sí misma, ver como el deseo y la lujuria se apoderaban de su cuerpo y ganaban una batalla perdida contra el orgullo y la necedad. Así que prefirió acariciarla con menos ahínco, y terminar de exponer su teoría: ella no saldría de ahí hasta que él no hubiese obtenido lo que quería.

-Como verás- a Maru aquella voz aún más ronca y gutural que de costumbre le dio escalofríos-Tu amiga ha rechazado la invitación de Pablo, con lo cual nuestro trato quedaría técnicamente anulado. Pero Santiago Cirtik no se queda sin el premio mayor, ¿sabes? Yo siempre consigo lo que quiero. Puede ser antes o después, pero siempre es así.

-Pues vete acostumbrando a tu primera negativa.

Santiago carcajeó con fuerza. Maru nunca lo había visto sonreír de aquella forma. Nunca había visto en sus ojos más que un témpano de hielo imposible de quebrar.

-Creo que no estás entendiendo la situación en la que estás. Te lo explicaré de una forma en que tu complejo de inferioridad mental pueda comprenderlo. Tú estás encadenada a una cama sin defenza, y sobre todo sin ropa. Y yo estoy libre y muy dispuesto a quedar satisfecho esta noche. ¿Necesitas más pistas?

-Oh, ¿Acaso piensas violarme?

Santiago sintió una punzada de placer ante su voz desafiante. No le tenía miedo, ella no temía por lo que él pudiera hacerle. Y eso le llenaba el pecho de orgullo, de una manera un tanto morbosa, eso no podía negarlo. Pero él tenía otros planes en mente.

-No , no te violaré-murmuró buscando bajo la espalda de ella el ganchito del corpiño y desabrochándolo-Porque cuando la acción es consentida por ambos, deja de ser violación.

Y unos segundos más tarde su boca presionó la piel suave de sus senos que antes había tocado. La presión que la razón de Mariana ejercía en su cuerpo dejó de existir en aquel momento tan excitante. Santiago succionaba con cuidado, lamía cada trozo de piel con desesperación y jugaba, utilizando sus manos para tocar sus piernas y su vientre suave y plano.
Maru gimió ante la situación, sintiendo como sucumbía poco a poco a los brazos de Santiago, porque supo, porque sintió en su propio cuerpo, como los labios de él se curvaban en una sonrisa triunfal.
Intentó mover sus manos, romper las cadenas haciendo fuerza. Necesitaba, ahora que le quedaba un miligramo de cordura, alejar la boca de él de su piel, porque no quería sentir la necesidad física de tenerlo dentro suyo, besándola y acariciándola como lo había hecho anteriormente.

-Bas…bas...ta. Por favor-murmuró anhelante. Sabía muy bien que una parte (muy grande) de ella deseaba que él le negara la posibilidad de irse, de escaparse de sus brazos. Pero sabía que terminaría sintiéndose terriblemente mal y se maldeciría por ser tan impulsiva. Mientras que él solo volvería a hacer su vida, olvidándose de ella como si nada.
La mirada de Santiago se congeló nuevamente ante su súplica y por un instante ella temió que fuese capaz de dejarla ir. Pero con un movimiento rápido se posó sobre ella y la besó con violencia, acariciando su cuerpo con mayor fiereza que antes. Mariana sintió el placer arremolinarse de golpe en su estómago y deslizarse por cada poro de su piel. Y el goce se hacía cada vez más urgente, más necesario. Sabía que Santiago no iba a detenerse y ¡Por Merlín! Ella tampoco quería que se detuviera. Sentir como besaba su cuello y deslizaba su lengua sobre él, apretando con su boca el lóbulo de la oreja, quitándose a la par la túnica y el calzado. Mariana volvió a gemir más largamente que antes, sintiendo como su respiración se agitaba más y más y sus pulmones se agrietaban sin culpa. Las manos de él se deslizaban suavemente sobre ella, lisonjeando su cuerpo de a poco, como si intentara disfrutarlo.
Hasta que las manos de Mariana cayeron con un fuerte impulso, lastimándola. Había olvidado que unas cadenas sostenían sus muñecas a la cama, doblegada por el placer y ciega por querer más. Pero ahora las manos acalambradas dolían y sus músculos adormecidos le molestaban. Pero por sobre todo, lo que más le dolió fue que el cuerpo de Santiago se hubiese escurrido rápidamente a un costado de la cama y la estuviese mirando como si nada hubiese ocurrido. Como si todo aquello fuese una charla que había terminado.

-Ya puedes irte.

-¿Qué?-preguntó ella mirándolo, incorporándose a penas. Se fregaba sus muñecas para hacer circular la sangre y su respiración era agitada. Y cuando lo observó mejor se dio cuenta. Cirtik quería que ella le demostrase que también lo deseaba. Y le estaba dando la oportunidad de escapar, a sabiendas de que quería más y estaba deseosa de sentir sus besos. Pero ella no era estúpida y no iba a caer en su juego. No iba a admitir que Santiago Cirtik se había instalado en sus sueños y la torturaba con rondas de sexo que le hacían despertar húmeda y sonriente. No iba a aceptar que a pesar de las batallas ganadas, él había ganado la guerra. Porque todavía le quedaba algo de dignidad, o al menos lo suficiente como para salir de allí intacta.

-De acuerdo-murmuró, alejando su mirada de los ojos grises de él.

-¿¡Que!?

-Me voy.

Los ojos de Santiago se desencajaban de su lugar y la mandíbula se abría y cerraba. Las imágenes que él había imaginado en su mente eran muy distintas: él pensaba que ella se quedaría mirándolo desconcertada, mordiéndose el labio inferior de nerviosismo y enredando sus manos a su cuello, mientras volvía a besarle con ferocidad, incitándolo a acostarse sobre ella. Pero es que él en ningún momento había contemplado la posibilidad de que el orgullo de Mariana Espez pudiera ganarle al deseo contenido e irresistible que ella poseía en su cuerpo. Sin poder creer que el que estuviera juntando lo que quedaba de su ropa y caminando a la salida le producía un vacío tan abrumador, no pudo evitar dejar de pensar cuando levantó su mano y gritó:

-¡No!

Ella se dio vuelta mirándolo una vez más, con una sonrisa socarrona en el rostro, arqueando sus cejas.

-¿Piensas rogar por un poco de sexo? Vamos, hazlo.

Santiago se quedó estático en el lugar, mirando sus ojos con sumo cuidado. ¿Y que hacía ahora? Ella sabía que era su debilidad, y haber tenido la oportunidad y desperdiciado de una manera tan estrepitosa e idiota le hacía sentir pésimo. Pero rogar no estaba en su diccionario y eso sería lo último que haría. Menos que menos por sexo.

-Está bien, vete-murmuró con un deje de amargura, sintiendo su boca pastosa. Se había dado cuenta que su voz temblaba por la rabia contenida. Pero no hacia ella, sino hacia él mismo.

Mariana dio media vuelta y cerró la puerta tras de sí. Se quedó mirando el pasillo oscuro y vacío, seguramente producto del horario nocturno que sería. Todavía en su mente rondaba la misma pregunta, sabiendo que todavía podía arrepentirse. ¿Por qué razón se marchaba si ella quería que él la sedujera y la arrastrara hasta conocer lo más bajo del infierno y lo más alto del paraíso? Sabía que ella lo deseaba, lo hacía casi tanto o más que él. Entonces, ¿Por qué razón huía de allí, si sabía que su mayor temor –que su hermano o alguien más se enterara- no se haría realidad? "Por cobarde" pensó con miedo a que esa respuesta fuese la verdad. "No soy lo suficientemente valiente para enfrentar lo que siento por él." Pero es que tampoco lo sabía con precisión, solo sentía el vaivén de su pecho, que intentaba suavizar un poco su respiración. La sola idea de volver a sentir sus labios rozando su piel le producía una sensación placentera en el cuerpo. ¿A quien quería engañar? Deseaba a Santiago Cirtik con todo su ser y estaba teniendo la oportunidad de su vida.
"Y por cobardía lo voy a perder" pensó con una mueca disgustada. "De acuerdo, más tarde pensaré que siento por él".
Y se volteó, enfrentando la puerta de roble. Apretó el pomo de la puerta, lo giró y decidió entrar a aquel cuarto, donde por fin había alguien que la estaba esperando…

lunes, 26 de julio de 2010

Down with the sickness

Deseo. Sus manos recorriendo el cuerpo negro de su amante. No podía evitarlo, no podía dejar de pensar en él de esa forma tan lasciva.

Ella no debería estar allí, pero estaba y por suerte o por desgracia se había encontrado con el cuerpo desnudo de Antonio Herph bajo la ducha de los vestuarios. Se había olvidado allí su mochila con la ropa sucia, y sin pensarlo entró sin llamar, y eso que su madre no paraba de repetirle que eso no se hacía, porque podría encontrar a alguien en una situación comprometida, bendijo mentalmente no hacerle caso a su madre.

Miró sus hombros anchos, cada músculo de su espalda marcado como si se lo hubiese tallado a conciencia. Su trasero redondo, sus piernas musculosas. No pudo evitar soltar un gemido de placer, sus bragas negras se humedecieron con una rapidez asombrosa, ni siquiera con Harry...Movió su cabeza para despejar esa imagen de su mente, él estaba lejos, la había dejado para hacer su lucha.

Caminó despacio hasta él, atraída como un imán a ese escultural cuerpo, sin saber porqué tocó su espalda y el muchacho se giró sobresaltado, escrutándola con esos orbes negros tan profundos como la oscuridad que invadía en esos tiempos. Sin darle tiempo a que replicara o la echase de allí se lanzó a sus carnosos labios, mordiéndolos con furia, pasión anhelo.

Introdujo su lengua en la boca de él, llevó sus pálidos brazos a su cuello y el la cogió de las caderas. La ropa se pegaba a su cuerpo, pronto comenzó a molestar, con ansia él le quitó la camiseta de manga corta y rompió su falta de tablas, su conjunto negro de encaje lo excitó aún más.

Desabrochó su sostén mientras ella gemía al acariciar sus pectorales y sus brazos, la levantó y ella colocó sus piernas alrededor de su cintura, sintiendo el pene erecto del chico contra su vientre, mordió sus pezones, estrujó sus pechos con sus grandes manos y le acarició el trasero.

Ella se descolgó de él, tenía ganas de más, mucho más. Miró sus ojos llenos de deseo y se agachó para tomar el miembro erecto en su boca, el cual lamió con ansia mientras el enredaba sus manos en su pelo mojado. Cercano al orgasmo la tumbó en el suelo de la ducha y la penetró salvajemente, haciéndola chillar.

No importaba que alguien los oyese, daba igual que pudieran escucharlos que incluso algún entrometido o un idiota los hubiera visto, les excitaba el contraste de sus pieles, negro y blanco...Sus ideas diferentes, a la mierda. Solo existían ellos dos, el deseo acumulado, la tensión vivida, el miedo incrustado en sus cuerpos ante la guerra, descargado en un acto sexual que los hizo estremecer al llegar al clímax.

Ella lo miró con los ojos turbios de pasión, él no se levantó aún dentro de ella.

Las miradas que cruzaban en los pasillos, el choque de sus cuerpos en los partidos.

No se podía ocultar, no querían hacerlo. Ella lo empujó con delicadeza, se pusieron de pie, él la ayudó, la abrazó, la besó.

La pelirroja sonrió mirándolo de nuevo con deseo.

.- Me has roto la falda, espero que la próxima no se repita.

Salvaje, así era ella, Herph soltó una carcajada y de nuevo la aprisionó contra la pared de la ducha de los vestuarios.

lunes, 12 de julio de 2010

No hay tal crisis

¿Como haces cuando todo se derruba? ¿Como haces cuando no sabes que hacer? ¿Como haces cuando ves tu sueño irse por la borda? ¿Como haces cuando todo te sale mal? ¿Como haces cuando estas en un callejon sin salida? ¿QUE TENES QUE HACER? ¿Hay alguna guia de ayuda? El mundo no es como lo pintan... ¿Porqué tengo tantas preguntas y ninguna respeusta? ¿Porqué me siento sola, si estoy rodeada de gente cosntantemente? ¿Porque nadie me llama, cuando siempre llamo? ¿Porqué siempre espero lo mismo del otro lado, cuando se que no va aser así, y termino desepcionandome?
Cuando te sentis mal fisicamente, llamas a mamá.
Cuando te sentis mal proque reprobaste, llamas a una profesora para que te ayude.
Cuando te sentis mal internamente, llamas a un amigo.
Pero cuando te sentis mal, y estas a punto de explotar, no entendes nada, pensas que no hay escapatoria, y para colmo no tenes a quien llamar; ¿Qué haces? ¿A quien recurris? A nadie. Porque NADIE esta, porque sos invisible, porque ya todo resbala, porque aparentas que todo esta bien y no lo esta, porque te pones una mascara y decis "no hay tal crisis" y te convences y recontra convences de que no la hay, ymeintras tanto todos te siguen tirando ondas negativas, te siguen diciendo que no vas a triunfar, que no servis para nada, que no ayudas, que es lo mismo si no existieras, y vos, ¿que haces? volves a repetir que no hay tal crisis. Pero luego de un tiempo en el cual ya estas convencido de eso, y pusiste tu super mascara, esa que tiene colores, el pelo hermoso, y una sonrisa dibujada como la del guason, de punta a punta, viene otra persona y te dice que nunca vas hacer como tal persona, y cuando te quejas te dicen que te lo dicen porque no trasmitis sentimientos, porque no sos cariñosa, porque no demsotras amor, y todo vuelve al principio y te decis ¿como voy a demostrar cariño, o sentimiento cuando te tiran todo abajo? Pero que haces vos? Vovles a decir "NO HAY TAL CRISIS" Uno dice no hay tal crisis mientras que tira un plato al piso. Uno dice no hay tal crisis y se rie con su mayor cara de pelotuda. Uno dice no hay tal crisis y saca turno en la peluqueria. No hay tal crisis y te pones kilos de tapa ojeras. Una vez que aceptas que la crisis es tal crisis estas preparado, ya podes negar la crisis…
Uno dice no hay tal crisis y rompe lo que tiene a mano. Uno dice no hay tal crisis y baila como nunca. Una pone su mejor cara de estupida y dice no hay tal crisis…
Pero tarde o temprano llega el dia que la crisis tiene una evidencia de una estria y no queda otra que aceptarla. Se puede negar la crisis, un día, un mes, un año, pero llega ese dia que la crisis te explota en la cara. Atravesar la crisis es como pasar el pelo por agua oxigenada, te aclara el problema de raiz. Llega la crisis, uno cree que es el final, que se termina todo pero en realidad ahí empieza todo. Atravezar una crisis es como pasar por un buen cirujano plástico, sos la misma pero distinta. Dan miedo las crisis, uno le teme a lo desconocido casi como un mal peluquero...
En chino, en japonés, en coriano, en tailandés, bueno, un idioma oriental crisis significa oportunidad.
Las crisis son como los años te sorprenden y no te queda otra, hay que decidirse llevarlos.
Las crisis es un viaje de ida pero tambien puede ser un viaje de vuelta...

martes, 6 de julio de 2010


Ninguno de los dos supo exactamente que les había ocurrido esa noche. Quizá se habían dejado llevar al sentirse tan solos; quizá había sido la luz de la luna llena que, rodeada de estrellas, iluminaba esa escena en una noche de verano, haciéndolo ver realmente mágico y hermoso; y tal vez, solo tal vez, la magia que se respiraba en el aire les hizo descubrir un sentimiento que ambos sentían desde hacía tiempo, pero que, por miedo, no habían sido capaces de aceptar hasta ese momento.

lunes, 5 de julio de 2010

Agridulce

Agarre el álbum de fotos y le quité el polvo. Miles de pequeños ácaros se esparcieron por la habitación, haciendo piruetas por el aire mientras lo abría para ver lo que en tantos años tuve miedo de ver, lo que me causaba tanta tristeza. Pero ya no lo hacía. Hacía tiempo que ya me había deshecho de toda la tristeza. Bueno, de toda no, pero de lo más doloroso, sí. No me arrepiento de nada, pero tampoco me enorgullezco. Pasé la mano por la foto que más recuerdos me traía y sonrio al pensar en sus labios, tan tiernos, tan delicados, tan dulces y seductores. Y me sorprenó al recordar la primera noche, la noche en que se dio cuenta...

La noche era oscura y la luna no quería hacer acto de presencia. Como una sombra, una sutil silueta me adentré en la cocina. Puede que para encontrar un poco de agua y calmar la sed. Puede que para librarme del miedo que me había paralizado esa noche, para deshacerme de mi reciente pesadilla. O puede que sólo fuese porque el destino así lo quiso. Quiso que, al entrar en la estancia me encontrara cara a cara con unos ojos claros, de un color grisáceo que me contemplaban con una curiosa sorpresa.

-Perdón, no quería moles
tar…-dije a la vez que daba la vuelta y me retiraba de la cocina con sigilo.

Pero una mano me agarró por la muñeca,
obligándome a girar bruscamente y haciendo que los dos nos golpearamos suavemente en la cabeza, el uno contra el otro.

-Pero si no molestas –dijo el hombre con voz ronca.- Por favor, que mi presencia no te inquiete –estaba cerca, demasiado cerca. Podía oler su suave aliento de menta, mirarme en las pupilas de sus ojos y notar los duros pectorales de aquel ser humano que hacía que su corazón se le acelerase de una forma totalmente inhumana.

De pronto sinté que me dejaba llevar. Sinti como sus brazos dejaban de hacerme caso y se posaban alrededor del cuello del hombre. Sinti como él me abrazaba y me apretaba contra sí. Y sinti mis labios en los suyos. Suaves, cálidos, tiernos, dulces, delicados… pero a la vez salvajes, indómitos, seductores.


Abrí los ojos y me sorprendi a mí misma pensando en esas cosas. De golpe, cerre el álbum, enfadada conmigo misma por traicionarme, por pensar en algo incorrecto, algo en lo que no debería pensar y se me llenaron los ojos de lágrimas cuando recordé lo que me dijo él el día en que se declaró… y cómo yo había seguido, cómo yo también me había declarado, a mi manera.

-Mierda, Melanie ¿no ves que te quiero? ¿Que te deseo? ¿Que eres para mí como el alcohol para el alcohólico? ¿Qué no puedo vivir sin ti? –esta última frase se le escapó de la boca sin pensar. "Mierda, ya he metido la pata hasta el fondo" pensó sin más miramiento, "Ahora sí que la jodi".

Miró que lo miraba ruborizada con una mirada que destilaba dulzura y confusión. ¿Le querría yo también? Imposible. No, no podía ser.

En ese mismo instante, me acercó a él y le deposité un suave beso en los labios, acto seguido me apartó lentamente y di media vuelta.

-¡Ah! No, no, no. No puedes calentarme de esta manera y dejarme tirado por aquí. Llevo demasiado tiempo
esperando, demasiado tiempo sin poder tocarte, sin poder mirarte, sin poder besarte –dijo a la vez que hundía sus dedos en mi pelo y la acercaba hacia sí.- Demasiado tiempo, Melanie, demasiado tiempo…

No me apartó cuando él me besó con mucha más fiereza y urgencia que otras veces. Tampoco lo hize cuando metió las manos por debajo del suéter y me hizo estremecer como ningún chico nunca logró. Mucho m
enos cuando su lengua tocó mis pezones ni cuando se introdujo en mi interior varios minutos después. Tampoco lo aparte cuando ambos caimos rendidos, presa del orgasmo, ni cuando me desperte y lo vi a mi lado, durmiendo tranquilamente, como si el mundo no fuese mundo y nosotros dos fuesemos los dos únicos seres de la tierra. Es más, cuando se despertó, lo único que quise fue reencontrarme con sus labios, con esos labios que me llenaban hasta la saciedad, con esos labios cuyo dueño había logrado poseerme, hacerme suya y de nadie más.


Sacudi la cabeza una vez más. Esos recuerdos agridulces me hacían cada vez más desdichada. Porque eran agridulces. Porque sabía que no podían volverse a repetir. Porque hubo un tiempo en el que ella lloró su final en los rincones de la casa. Porque al fin y al cabo, todo lo que se me lo enseño el.

viernes, 2 de julio de 2010

Besar al enemigo

Besar a su enemigo no Fue como había pensado Que seria, fue una experiencia Perturbadora, por un lado se Sentía profanada, por el otro

Las emociones del deseo y la Calentura arrasaban con Todos sus paradigmas.
Se puso unos audífonos, Y comenzó a escuchar a Su grupo favorito, para Quitarse el sabor agridulce De la experiencia. La canción Comenzó y los ojos se le aguaron.

Se deslizo en sus rojas y cαlidas Sαbanas de seda y clavo su mirada En el techo mientras escuchaba la canción.

Lagrimas recorrían a mares las Rosadas mejillas de la chica, Veía su sueño roto…

Se volteo en la cama y miro una Foto que la mostraba con sus mejores

Amigos, sonriendo y feliz, pero ya no Se sentía así, la soledad la estaba matando Y no podia quitarse la sensación de Que los había traicionado.
Se levanto de su enorme cama y Encendió la luz, camino despacio Hacia el gran espejo de cuerpo Completo que había en su habitación.

Observo su reflejo, miro sus labios, Eran pequeños y rosados, paso su Dedo anular por su superficie y los Sintió suaves, delicados, sintió la

Huella que habían dejado en ellos.

Tenia que tener mucho cuidado, El era un chico de armas. Después de la inspección, volvió A su cama y con ese pensamiento En la mente clavo sus irritados Ojos castaños en el techo, Sabía que esa noche no dormiría.