domingo, 27 de junio de 2010

Disculpas

-Como sea, Pablo, y ya no quiero hablar más de esto, ¿de acuerdo?-el reciente encuentro había despertado su malhumor-. Además tú no deberías estar tan tranquilo refutándome, cuando es por tu culpa que estoy metida en este gran problema, pero qué te puede importar porque conseguiste lo que querías, ¿no? Y ahora además de todo no me permites pensar optimistamente…

-Lo siento-admitió, sorprendido.

-¿Qué?

-Lo siento, no quería causarte este problema.

Ella alzó una ceja.

-Si no hubieras querido ca
usarme un problema no me habrías chantajeado con lo… con lo del maldito beso del otro día y te alejarías de mí, esa es la única forma de no causarme un problema.

-Mercedes -intervino él, caminando hasta ubicarse frente a la chica-. Dime ahora si no quieres que te busque más. Dímelo y no lo vuelvo a hacer.

Ella levantó la vista. Su mirada se conectó con los ojos grises de Pablo, brillantes y temblorosos ante unas palabras que le costaría tan poco mencionar. Pensó en todo lo que había pasado entre ellos, en su mente vagaban imágenes, su piel se erizaba al revivir un puñado de sensaciones que jamás pensó vivir con alguien como él, pero a pesar de eso, ella percibió algo mucho más fuerte. Sintió a su corazón golpeándole el pecho furiosamente, sin ritmo, recordándole lo que estaba pasando. Y bajó la vista, agotada.

-¿Mercedes?

-No puedo hacerlo, Pablo.

Los labios del chico se separaron levemente. Él también bajo la vista, impresionado.

-No quiero hacerlo.

Pablo sonrió con ligereza. Levantó los brazos y la estrechó suavemente.

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