jueves, 29 de julio de 2010

-Déjame verte-murmuró arrodillándose en el piso a muy poca distancia de ella.

-¡Déjame en paz! Solo vete-gruñó ella golpeando la mano de David, que en ese momento se levantaba lentamente hacia su rostro. No quería tener contacto físico con él.

-No te hagas la chica dura, déjame verte.

Giselle gruñó antes de cruzar sus brazos y desviar su mirada. David estaba peligrosamente cerca de ella y faltaba poco para que sus narices se rozaran. Acarició con sus dedos la herida, deslizando las yemas de los mismos por entre sus labios, delineándolos con cuidado. Sin embargo cuando la acarició, sin darse cuenta, tocó la lastimadura, hiriéndola y haciéndole sobresaltar.

-¿Te duele?-preguntó en un murmullo apagado.

Sus miradas se entrelazaron una vez más, y Giselle sintió como sus ojos socavaban en lo profundo de su corazón. Realmente lo amaba. No entendía cómo podía querer a un maldito cretino ególatra, pero lo hacía.

-Sí.

-Déjame que yo te cure-murmuró antes de tomarle del mentón y chocar suavemente sus labios a los de ella. Y aunque odiara amarlo, realmente no importaba. Al menos, no si su boca seguía apoyada con tal delicadeza sobre la suya.
Los labios de David no se movían demasiado, era tan solo un beso inocente. Sin embargo, Giselle no pudo dejar de sentir esa descarga eléctrica recorriendo su cuerpo y deslizándose a través de sus venas. Él seguía tan impregnado en su corazón a pesar de haber pasado tres días sin verlo.

-¿Te sigue doliendo?-preguntó con una sonrisa. Pero Giselle descubrió que no era una arrogante o despectiva, sino que era tierna y a la vez pícara. Una de esas sonrisas que a ambos los hacía cómplices frente al resto del mundo. Sin embargo no pudo soportar el dolor que sentía en su corazón, como si aún roto, los restos que quedaban de él siguieran doliendo y partiéndose aún más.

-Me duele aquí-murmuró ella, señalándose el corazón con la tristeza impregnada en la voz.

Sin embargo, David palideció. Ella supo interiormente que había arruinado todo, y que quizás, solo estaba ilusionándose. El rostro de él estaba desfigurado cuando alcanzó su mano y la tomó entre las suyas.

-Giselle…-exclamó en voz baja, como si quisiera explicarle algo. Pero le interrumpió, sin poder saber si podría soportar sus palabras.

-Basta David, basta. Mi corazón no podrá soportarlo-murmuró en un susurro casi inaudible. Sus ojos tenían una mirada cristalina que reflejaba claramente el dolor que él le estaba provocando. Y se detestó a sí mismo. Quería por sobre todas las cosas hacerla feliz, o eso pretendía, cuando en realidad lo que había estado haciendo era alejarse por miedo. Tenía miedo a terminar más lastimado que antes. Siempre le habían enseñado eso, siempre le habían mostrado que los sentimientos producían debilidad. No en vano su padre solía susurrar que el amor concede a los otros el poder para destruirte. Y él jamás lo había negado, es más, lo había incorporado.Sin embargo su corazón y sus pensamientos, su vida entera ya le pertenecían a ella. ¿Qué más importaba? No estaba seguro de que pudiera enamorarse aún más de ella, ¿O sí? No lo creía, o al menos, lo dudaba seriamente. ¿Qué podía haber que fuese peor que pensar en ella todo el tiempo, o sencillamente querer pasar a su lado todo el tiempo del mundo? Tomó aire y levantó el mentón, haciendo que le mirara a los ojos una vez más.

-Déjame curarte Giselle, déjame hacerlo. He cometido demasiados errores y soy consciente de ello, pero me has hecho cambiar. Me siento una mejor persona cuando pienso en ti y no puedo borrarte de mi mente ni aunque me borren la memoria. Te amo.-murmuró, sintiendo como se quitaba un peso de encima-. Lo he hecho desde hace mucho y lo sabes mejor que yo. Pero el amor muchas veces no basta. Te amo con mi vida. No hay un día que pueda seguir viviendo sin ti, pero tengo miedo al futuro. Tengo miedo de que puedas dejar de quererme, o de que no sepa llevar bien nuestra relación. Es decir, soy arrogante, orgulloso, posesivo y celoso. Eso no concuerda con un modelo de novio, ¿verdad? Además nuestro alrededor siempre nos condenará. Siempre seremos prejuzgados por nuestros apellidos, por lo que creen que somos.-Te amo Giselle-prosiguió-y no quiero hacerte más daño. Yo… entenderé si hay cosas que te superan. Hay veces que el amor no basta para ser feliz, y hay veces que sencillamente no vale la pena sacrificar tanto.
Ella sencillamente comenzó a llorar, haciendo que él se pusiera nervioso y la abrazara.

-No llores, por favor. ¿He dicho algo malo? Perdóname, Gi, perdóname.

-No es eso. Es que reprimí muchas lágrimas y estuve esperando tanto tiempo este momento, que muchas veces pensé que nunca llegaría-murmuró abrazándose más al cuerpo de él. –Yo también te amo David, y creo que podremos si lo intentamos. O al menos, yo ya no puedo volver hacia atrás. Ya no sé si podré dejar de amarte algún día.

-Yo tampoco-murmuró acercándose a su boca y besándola con pasión.

Ambos lo deseaban y se necesitaban mutuamente. Tres días, quizás no era mucho, pero había sido el infierno personal de los dos, y sin la presencia del otro, la habían pasado terriblemente mal.



Lo que hace el amor, esto lo escribi estando con vos y ahora se que todo es ese polvo de hadas que me contaron de chica, el cual lamentablemente no existe... Nunca voy a entender porque le cuentan eso a los nenes, ilusiones falsan, eso es lo que crean.

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