Tu presencia siempre me ilumino el alma, con aquella sonrisa cálida y tierna que solo una persona como tú sabe entregar.
Con luz propia brillaste siempre, y te encargaste de que te acompañe a fulgurar, no fue nada simpatizante para mi entregarme a algo que yo ya negaba desde hacia mucho, y deberás comprender ello; porque no soy el que creíste que siempre fui, y se que tú no eras la que yo una vez vi.
Nada era lo mismo.
Cuántas noches acompañaste mi alma desolada, en silencio, tu silencio, mi silencio. Inexpresados,
callados los dos.
Cuántas veces no dije lo que debía decir, y que hoy lamento no puedas escucharlas.
Cuántas cosas deje de hacer por aquel sentimiento vil que lleva en castigo el hombre, cuantas cosas… por mi simple orgullo.
¿Cómo decirte que te quiero y tú me entiendas desde donde ahora te encuentras?
Porque, no se si lo sabes… Pero eres todo cuanto amo.
Quisiera que me escucharas ahora, que todo ha quedado en silencio, y que no recordaras lo que quieres remembrar… por que no es que yo te dañe…. Nunca lo hice (miento) ni lo pensé hacer.Pero sabes bien, que nuestro destino tenía que terminar así. Donde tú no eres mía y yo, indiscutiblemente, ya no soy tuyo.
Nunca dije lo que dije la primera vez que te vi.
Nunca.
Pero se que es tarde para arrepentimientos, te dañe, lo admito, y me odio por eso.
No llores cielo.
sé que Nunca te pude soñar, aun más nunca te pude perder. Por que, claro, es una analogía concreta y obvia: Pues no se pierde lo que no se tiene.
Y nunca te tuve, y nunca me tuviste, y nunca nos tuvimos.
Es cierto eso de que he renunciado a ti, concluyentemente, como renuncia el sol a la luna, como renuncia el aire a la tierra. Como renuncian todos.
Como renuncie yo a mi destino, porque estaba seguro que no había más destino que Tu. Y aún así es posible que te ame, Esta bien
, es Verdad…
Te amo.
Y sabes que te amo, y por que te amo paso lo que no debió pasar aquella noche, donde nos encontramos en aquel pasillo, y me miraste- como nunca lo hiciste, ni nunca más lo volviste a hacer- y a paso lento te acercaste… y yo sentí que nada volvería a ser, y que todo podía suceder. Y escuchaste de mis labios aquellas palabras que no dañaron nunca, y que esa vez conservaban aquel cálido gesto que no debieron conservar.
Y afloró lo que no debía aflorar:
-Te odio- te dije, como no lo debía decir, y tú comprendiste aquello que yo- en su momento- no comprendí, por que es cierto que más que sonar a odio, aquellas palabras sonaron a amor.
Y es cierto: Te odio… te odio con tanto amor.
Luz.
Esa luz se acerca crecidamente más… y entiendo que ya no podré hacerte esperar, ni tu podrás retenerme más, porque se que cuando tu entiendas lo que no quieres entender, ya nada me detendrá en nuestro hogar, y deberé marchar, como no quiero marchar, y en mi camino te escuchare llorar, co
mo no debes hacerlo. Y aun así no lloró, aunque deba llorar. Pero lo entiendo.
Como entiendo que llego la hora de mi adiós. Te entiendo como siempre lo hice, aunque tu no lo sepas, pero debes de saberlo… te entiendo, te comprendo… te anhelo.
Adiós.
Si lo dices, y comprendo por que lo dices, sin decir… sin sentir. Hablas sin hablar. Callas sin callar. No lo digas… no lo digas más porque en verdad me apartare… no lo digas por favor.
No lo digas.
Porque entenderé que en verdad lo harás, y comprenderás el significado de esa Estúpida palabra… y creerás es Mierda de filosofía, Y todo lo que encierra la imagen auditiva… Todo lo que envuelve un adiós.
Adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario