Si yo te amo.

Me gustaría que me susurraras esas palabras indescifrables que nunca pudiste decirme, pero que aun así, las escuchaba atenta salir de tus labios. Me gustaría abrazarte, como nunca lo hice, y entender que aun a sabiendas que no lo haría, tú seguirás aquí.
Pero no puedo, abrazarte, ni besarte- como nunca lo hice- y mi mente se empeña a divagar recuerdos que no quiero remembrar, y mi alma vuelve a llorar cosas que ya no quiero llorar, y tú sigues ahí con esa sonrisa tan digna de ti, y esa altivez que aun, estando como estas, se conserva en ti, como un sello personal… como algo que solo tu sabrás demostrar.
Y mi mente se pregunta ¿Qué fue lo que falló? Que fue lo que pasó, para que pase eso que nunca tuvo que pasar.
Nos conocimos…nos encontramos y redescubrimos una noche de invierno, de esas que solo el mes de Julio (por su encanto natural) sabe envolver, frente a aquellos copos de nieve, tan blancos, tan secretos, tan íntimos como nosotros.
Tu cabello cae desordenado sobre ese perfecto rostro tuyo, y yo lloro más.
¿No me sonreirás, como nunca lo hiciste, ya? ¿No dejarás que la brisa acomode tu cabello esta vez? (ja ¿como podrías hacerlo ahora?)
Ríe.
Ríe por favor ríe.
Pero se que en ti ya no se dibuja más aquella desdeñosa sonrisa, que solo tú sabías regalarme a mi.
Y a mi mente afloran recuerdos, que no quiero aflorar, como la primera vez que me viste, y sonreíste con esa expresión tan seductora, tan sugestiva, tan atrayente, tan agradable, tan adorable… tan Perfecta.
Y más lágrimas caen por mi rostro, porque entiendo que nunca más podré verte sonreír.
Y comprendo que has renunciado a mí.
Definitivamente.
Como renuncia a ser flor, lo que es hierba. Como renuncia cualquier hombre a volver a ser niño, como renuncie yo a mi destino aun sabiendo que tú no lo eras.
Y entiendo que fu
e pura fantasía nuestro amor, y es irónico ello por que yo no creo en cuentos de hadas. Sin embargo (ahora) debo admitir que siempre albergue aquella esperanza, porque como muchas en este mundo yo soñaba con aquel príncipe que nuestras madres están empeñadas en hacernos creer mediante cuentos triviales, que nos envuelven nos atrapan hasta el punto de mezclarse en nuestros sueños, robándonos un suspiro. Y yo (como muchas) había soñado, que en algún momento determinado de mi vida, llegaría aquel príncipe azul, que me enseñaría a crear un cuento donde yo fuera la princesa:
Y entonces te conocí.
Pasa el tiempo.
Y en el tiempo lloró, como no debo de llorar, y mis piernas flaquean en tu ausencia (Y lloro más) por que se que cada minuto te alejas más y más.
Ya no estas. ¿Dónde estás?
Entonces escuchó aquellas pisadas que me hace reaccionar, y vuelvo hacia tu rostro y retomo lo que no quise entender. Es verdad:
Te has ido.
Y más lágrimas caen por mi rostro, puesto que comprendo que no cumpliré mi promesa – Aquella que no debí prometer- ya que es injusto que me pidieras no llorar, cuando se que no me abrazaras como no lo hiciste, ni me besaras con esos labios que no me besaron, ni me volverás a mirar con esos ojos que tanto deseo.
Es injusto que te hayas ido, así sin más, sin entender que Te Amo, y te amaré, como nunca lo hice con alguien (Y se que no lo haré) porque aun cuando me has pedido que me vuelva a enamorar, no lo cumpliré ¿Acaso no entiendes que solo te amo a ti?
No, no lo entenderás.

Y te abraza gloriosa sobre tus hombros, y yo lloro más, mi alma se desgarra de dolor y caigo de rodillas sobre la loseta… rogando, rezando – por primera vez con fe- por que vuelvas… por despertar… por no vivir ya. Por reunirme contigo, por ir junto a ti. Pero mis palabras no llegan a donde quiera que sea que tengan que llegar, y tú te vas alejando más y más, y yo no quiero susurrar eso que indiscutiblemente susurrare, y no quiero pensarlo, ni lo creeré.
Pero lo digo.
Y con ese digo menciono lo que no debo mencionar:
Porque se que todo terminara ya, aunque es ilógico que termine algo que nunca comenzó. Pero me duele, y lo sabes – donde quiera que estés- sabes que duele, punza… lastima. Y mis labios se entre abren lentamente… obligados a susurrar algo que en verdad no sienten, pero que el cerebro manda a hablar. La ciencia siempre queriendo dominar el alma.
Y entiendelo, no es lo que encierre ni lo que se lleve esa palabra, es mi mente… mi aliento, mi ánimo, mi esencia, mi alma, mi espíritu… mi ser, el que no lo dice. Aunque lo deba de decir.
Entiendelo.
Y digo adiós… ADIOS… mientras mi rostro se acurruca sobre el piso, y mis manos estrujan esa última carta tuya… que
aun conserva aquel aroma que nunca mas volveré a disfrutar… que contuvo el último esfuerzo… el último aliento. La estrujo más y más, Y tú te vas. Y no quiero ya llorar, aunque lo siga haciendo, Aunque sigas doliendo. E irrefutablemente tengo que decirlo, tengo que sentirlo… aunque no lo sentiré.
Adiós amor… Adiós.
Vestido de blanco divagó, mientras una fuerza cálida recorrió su rostro, mientras una lagrima furtiva descendió en su ser, mientras su corazón se estrujo… Lo había dicho, lo había mencionado… Ella...
Ella, lo había abandonado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario